¿Cuál es el precio de decir “Patria y Vida”?

La represión contra Patria y Vida

Desde que se estrenó la canción “Patria y Vida”, el Gobierno cubano no ha cesado de promover campañas difamatorias contra sus intérpretes, producir fracasadas canciones a manera de respuesta y reprimir con violencia a aquellos activistas políticos que la reproducen o, simplemente, escriben su título en las fachadas de sus casas.

La razón que legitima la violencia ejercida sobre los activistas políticos, según la prensa oficialista, está en que la frase constituye “una provocación”. Según el régimen cubano, quienes reproduzcan la canción “Patria y Vida” solo pueden hacerlo como “asalariados del Gobierno de Estados Unidos”.  Sin embargo, el 11 de marzo de 2021, Miguel Díaz-Canel sorprendió a muchos cuando sumó a sus ya habituales hashtag en Twiter (#CubaViva, #YoSoyFidel, #PatriaOMuerte, #SomosContinuidad) el lema “Patria y Vida”.

Al no poder silenciarla, Díaz-Canel intenta entonces resignificar esta expresión incómoda para el régimen. Abiertamente pretende ensuciarla de retórica vacía, imponerle esa aura cansina y sin sentido que ya portan el resto de sus consignas. Quiere hacer de “Patria y Vida” su firma; que cuando se mencione, inevitablemente se piense en él, y así arrebatarle su sentido político original.

Díaz-Canel escribe “Patria y Vida” con soltura en sus redes sociales.  Sabe que no corre riesgos, que nada le pasará por repetirlo hasta el cansancio. Ahora que ha resulto que es suya la expresión, la patentiza a la fuerza. Quien no lo acepte así, tendrá que pagar el elevado precio que el presidente ha etiquetado sobre estas tres palabras.  

Omar Torres. 21 de febrero de 2021.

-Lo que más les molesta es que tenga escrita “Patria y Vida” en la puerta de la casa porque, según ellos, estoy llevando una propaganda contrarrevolucionaria el pueblo de Cuba.- dice Omar en una directa, en la cual describe su último encuentro forzado con agentes de la Seguridad del Estado.

Hace unos días, dos policías se presentaron en la puerta de su casa. Le pidieron subirse a un auto rojo, no a una patrulla.

-¿Ustedes traen alguna citación, alguna orden de arresto?- preguntó desde la puerta.

 

 

Los oficiales dijeron que no y, en clara violación de las leyes de procedimiento penal del país, aseguraron que tampoco era necesario. Omar se negó, escudándose en sus derechos. Horas más tarde, volvieron a llamar a su puerta. Esta vez eran tres policías.

-Si no viene, podemos levantarle una denuncia por desobediencia.- resolvió uno de los oficiales ante la insistencia de Omar sobre el cumplimiento de la ley.

Desprovisto de todo amparo legal, no tuvo más remedio que acceder a subir al auto.

Esa semana, en horas de la noche, piedras y botellas de cristal impactaron contra las paredes de la casa de Omar, las mismas que exhiben las palabras “Patria y Vida”. Su esposa, alarmada, llamó a la policía en busca de auxilio. Nunca recibió respuestas.

Anyell Valdés Cruz. 22 de febrero de 2021

Alrededor de la vivienda de Anyell comienza a organizarse multitud. Por entre los cristales de la puerta, ella y Adrián Rubio reconocen a varios agentes de la Seguridad del Estado. También se ha dado cita al otro lado de la cerca que rodea su casa algunos cuadros políticos de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y también maestros de la escuela donde estudia uno de sus hijos pequeños.

-Es un acto de repudio.- le dice Anyell a Adrián, quien graba cómo se despliegan afiches con el rostro de Fidel Castro frente a la casa.

En el video, Anyell asegura que “ya lo veía venir” desde que escribió en una pared exterior de la vivienda “Patria y Vida”.

 

 

Adrián quisiera responderle a la turba con la canción que desde mediados de febrero el régimen cubano intenta silenciar sin ningún éxito, pero no cuenta con una bocina para hacerlo. Luego pide una manguera para defenderse con chorros de agua de quien intente entrar al patio de la vivienda.

-No se puede. Hoy no es día de agua.- le contesta Anyell.

Comienzan los gritos. Los sitiados solo cuentan con calderos vacíos y sus voces para responder.

-Entra Adrián, que se están acercando.- le implora Anyell, mientras aleja a uno de sus hijos de la ventana. La atmósfera del momento, de por sí terrible, se quiebra con el llanto del niño. Él no entiende por qué sus maestros ofenden a su familia e intentan forzar la cerca para entrar a la casa, ni por qué alguien lanza pintura azul sobre el suelo del patio, ni porque un hombre se abalanza sobre su perro hasta dejarlo inconsciente. ¿Cómo se le explica a un niño que en su país tres palabras constituyen un delito? ¿Cómo se le hace entender que vive bajo un sistema al que le bastan tres palabras para desatar su odio irracional sobre quien las escriba? ¿Cómo puede explicársele esto a cualquiera?

Parte de esta horda salvaje cubre de pintura azul las paredes exteriores de la casa y también los cristales de la puerta y las ventanas.

-¡Salgan para que vean lo que les vamos a hacer!- se escucha desde la calle.

José Daniel Ferrer. 24 de febrero de 2021.

Las piedras impactan una y otra vez contra la casa de José Daniel.

-Ratas, asesinos, tiren, tiren a matar.- les grita él, secundado por su esposa, Nelva.

A sus espaldas, la frase “Patria y Vida” adorna el portón superior de la vivienda.

Un vecino protesta iracundo. Una de las piedras destinadas a José Daniel se desvió y fue a parar a su ventana.  El líder de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) intenta hacer zoom sobre quienes le agreden, de manera que quienes siguen la directa puedan identificar sus rostros, pero los atacantes se refugian en la oscuridad de la noche.

-¡Puta, vas a tener que ir a la prisión a buscar a tu marido!- le gritan a Nelva desde la calle.

Dos días después, José Daniel irá a prisión, al menos por unas horas. Durante ese tiempo, una turba aprovechará para allanar su casa y cubrir con pintura roja sus paredes.

 

 

Plaza Méndez. Camagüey, 27 de febrero de 2021.

Se trata de un video corto, filmado desde el resguardo de las espaldas de quienes miran con cierta impavidez la escena. En principio, no hay más protagonista que la violencia salvaje y desproporcionada que se desata a plena luz del día, a la vista de toda una ciudad. “Asesinos”. “Abusadores”. “Patria y Vida”. Los gritos de los activistas políticos no sirven de nada frente a la fuerza de los policías. Los represores empujan, golpean, levantan del suelo a quienes se resisten, agarran a las mujeres por todas sus extremidades y las trasladan hacia las patrullas que esperan en la calle.

-¡Me están asfixiando!- logra gritar uno de los activistas, mientras los brazos de un policía se cierran sobre su cuello, como tenazas.

La filmación, de apenas medio minuto, acaba de golpe. “Me están asfixiando”, es lo último que logra escucharse.

 

 

Yeilis Torres. 1 de marzo de 2021.

La ex fiscal y activista política se lamenta mientras su madre, maestra desde hace décadas, cubre la frase “Patria y Vida” que luce en la pared exterior de la casa. Sobre el asfalto, sin embargo, alguien ha escrito en letras gigantes “Patria o Muerte ¡Venceremos!”

La madre de Yeilis fue citada recientemente por la Seguridad del Estado. En el encuentro, varios agentes le advirtieron que borrara las palabras de su hija de la fachada de la vivienda.

Mientras graba la directa, una multitud se congrega a la entrada de la casa. “¡Viva la Revolución! ¡Mercenaria! ¡Traidora!”, le dicen a coro. Ella responde reproduciendo en una bocina la canción “Patria y Vida”. No puede evitar responder a las ofensas que le lanza. Tampoco puede evitar que se le quiebre la voz cuando su madre, llorando, le suplica que entre a casa y no grite más.

 

 

Mitzael Díaz. 1 de marzo de 2021

Durante 11 días, Mitzael no conoció más que un espacio estrecho, cercado por cuatro paredes infranqueables. Allí fue donde se recuperó de la golpiza que le propinaron luego de que encontraran en su galera un cartel con las palabras “Patria y Vida”. La celda de castigo, la “tapiada”, es la prisión dentro de la prisión, el aislamiento más absoluto, la reprimenda ejemplarizante que guardan en las cárceles de Guamajal, Villa Clara, para los rebeldes como él.

Mitzael fue condenado a tres años y medio de privación de libertad. Para ocultar los motivos políticos de su encierro, reconocidos por la organización Amnistía Internacional, las autoridades del país recurrieron a una arbitraria figura penal denominada “peligrosidad social predelictiva”.

Mitzael no cometió ningún crimen, pero que la policía haya insinuado que podría cometerlo fue suficiente para encarcelarlo. En 69 días cumplirá íntegra su condena.

Osmani Pardo. 2 de marzo de 2021.

Varias personas se dan cita frente a su casa para realizarle un acto de repudio. Para ello han dispuesto de un micrófono y de carteles  de la Federación de Mujeres Cubanas, de los CDR y del rostro de Fidel. En una esquina de la calle, los organizadores de la concentración estacionan sus motocicletas y ultiman detalles desde sus teléfonos móviles.

Pronto comenzarán a gritarle “mercenario”, “provocador” y “anticubano”; forzarán la entrada de su vivienda; golpearán a su madre, enferma de cáncer; apagarán el equipo de música que reproduce la canción que desde hace casi un mes molesta al régimen; lo detendrán a él y a su primo… todo por haber escrito en la entrada de la casa: “Libertad. Patria y Vida”.

Cuando lo liberen, Osmani  tatuará la frase y una bandera cubana en uno de sus brazos, donde nadie jamás podrá borrarla.

Esteban Rodríguez. 3 de marzo de 2021.

-Este es un experimento, una prueba, a ver qué cubano reacciona cuando escucha la canción.- dice Esteban en una directa por Facebook, mientras reproduce desde su móvil la canción “Patria y Vida.

 

 

La canción se repite una y otra vez. Esteban pasea por Habana Vieja, saluda a algún conocido, tararea el estribillo y filma ininterrumpidamente las calles semivacías de su ciudad. Decide entonces ir a un mercado, “donde está el cubano de a pie”, para continuar su experimento.

Dos policías le cortan el paso antes de llegar.

-Apágala.- dice uno de los oficiales.

-¿Y por qué tengo que apagarla?-contesta él.

Los policías le ordenan que los acompañe hasta Habana y Muralla, donde se realizará la detención.

-No se puede tener miedo. Esto no tiene nada de malo. Uno tiene derecho a oír su música, la que sea.- dice Ernesto a quienes siguen su directa.

La música no se detiene. La imagen de la patrulla y los oficiales que proceden a arrestarlo se fusionan con la letra de la canción, la complementan. Sin querer, Esteban logra desde su celular una secuencia sublime.

-Apaga eso.- ordena el oficial de la patrulla, pero él se niega.

Le ordenan subir al auto. Esteban obedece sin interrumpir la canción. Su esposa, que sigue los acontecimientos desde Facebook, le pide que no deje reproducirla. Luego le escribe que lo ama.

Omar Ortega. 4 de marzo de 2021.

Omar llega al hospital donde trabaja como enfermero y comienza una directa en Facebook. Se le nota cansado. La noche anterior la pasó lejos de su casa, escondido de la policía política cubana que le persiguió por los tejados del barrio luego de que él colgara un cartel de “Patria y Vida” en los altos de un árbol de mangos de su propiedad.

-Patria y Vida. No tengan miedo. Les molestó el cartel que puse.- dice risueño, como quien habla de una travesura.

Omar cuenta que el hombre que tiene al frente pertenece a los órganos de la Seguridad del Estado.

-¿Y usted quiere que le acompañe a su oficina?- pregunta Omar.

El sujeto asiente y le ordena que deje de grabar. Se interrumpe la directa.

Minutos más tarde, Omar vuelve a estar en directo. Como sospechaba, la Seguridad del Estado lo buscaba para reprenderle por el cartel. En principio, dice, pensó que solo sería un interrogatorio, pero recién le avisaron de una patrulla de policía que espera para arrestarlo. Para corroborarlo, se acerca con cautela a una ventana. Allí está la patrulla.

 

Yucabyte
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