Ilustración: Monkc

¿Qué es la residencia electrónica de Estonia y cómo ayudaría a los cubanos?

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Como ciudadano cubano, ¿podrías tener una residencia de la Unión Europea sin haber pisado el Viejo Continente? Si eres emprendedor, ¿podrías registrar tu empresa en aquellas tierras, aunque residas en la Isla? Y lo que puede ser aún más útil: ¿podrías abrir una cuenta bancaria en Europa incluso si vives en Cuba? La respuesta a todas estas preguntas es sí: esa posibilidad existe gracias a un pequeño país báltico, excomunista, con poco más de un millón de habitantes.
Bienvenidos a Estonia, una de las sociedades digitales más avanzadas del planeta donde casi todo puede hacerse de manera virtual salvo tres cosas: casarse, divorciarse y comprar un inmueble.
A inicios de los 90, después del colapso de la Unión Soviética, Estonia era un país pobre. Tenía muy pocos recursos y no disponía de instituciones políticas ni legales. Salió del bloque comunista con infraestructuras obsoletas y casi todo por hacer. Así que reducir los gastos en administración pública y burocracia fue para los estonios no solo el paso inicial hacia el estado digital del que ahora presumen, sino también la vía para economizar su presupuesto estatal. Hoy la digitalización de estos servicios ―el 99% de los trámites oficiales― permiten al país ahorrar el 2% de su PIB en salarios y gastos.

Estonia fue el primer país en declarar el acceso a Internet como un derecho humano; desde entonces ha intentado compartir esta filosofía con el mundo. Su programa de residencia electrónica permite que todos puedan beneficiarse de las oportunidades en línea como parte de una gran nación digital. Así, cualquier ciudadano del mundo puede tener la oportunidad de alcanzar éxito en los negocios, independientemente de dónde viva o qué valor real tenga su pasaporte. La jefa de contenido del programa E-Residency, Hannah Brown, explica a YucaByte que este proyecto también ha permitido a su nación crecer tanto económica como culturalmente.
Seis años después de la inauguración del programa, 70 344 personas poseen la residencia electrónica, en su mayoría de países cercanos: Finlandia, Rusia y Ucrania. Aunque las solicitudes provenientes del Reino Unido se dispararon durante el Brexit y hoy, el país europeo ocupa el sexto lugar en las peticiones de residencia y el noveno en la creación de empresas. En cuanto a América Latina, son los ciudadanos de Brasil y Argentina los que más aplicaciones han completado. Los datos oficiales también muestran que 27 personas con nacionalidad cubana ya figuran como estonios (digitalmente hablando). Lo cual se traduce en la obtención de una identidad digital emitida por el Gobierno de ese país europeo, que puede usarse para registrar una empresa de manera remota con los derechos y deberes de una entidad europea. La ventaja es comerciar sin fronteras y tener acceso a otros mercados más allá del espacio nacional de cada individuo. Sin embargo, si el interés no es crear una compañía sino tener únicamente una cuenta bancaria, la residencia electrónica no garantiza de manera directa ese fin, pues los bancos en Estonia son autónomos. Aun así, el hecho de ser residente puede contribuir a ese plan, sobre todo en las bancas online.

La residencia electrónica: ¿Para qué sirve y para qué no?

Lo primero que debes conocer es que este documento no tiene ventajas migratorias. No te garantiza derecho a viajar o permanecer en Estonia o en la zona Schengen, ni los derechos sociales que gozan los residentes reales. Tampoco recibirás apoyo consular del Gobierno de ese país báltico como sí obtienen sus ciudadanos, ni te eximirá de pagar impuestos en tu país de morada física, en el caso de ser empresario. Por último, debes saber que la residencia electrónica no es un documento de viaje, ni puedes usarlo para identificarte en el mundo “real”.
En cambio, para lo que sí sirve es para iniciar sesión en servicios digitales en Estonia, como portales gubernamentales y bancos en línea. También puedes usar la tarjeta para determinados trámites online en Europa. Otra ventaja es la posibilidad de firmar legalmente documentos de forma electrónica dentro de la Unión Europea (UE). Brown añade que los residentes se unen a una gran comunidad de emprendedores remotos con ideas afines y de fundadores de startups en todo el mundo. Así pueden conectarse y encontrar oportunidades comerciales.
Hay que aclarar que obtener una cuenta bancaria en Estonia, si no vives allí o tienes negocios que impliquen a la nación báltica, es complicado en muchos bancos tradicionales. Estonia tiene una clara política contra el lavado de dinero. Entonces, para los residentes electrónicos (que puedan viajar al país) existen tres opciones principales. SEB (Suecia), Swedbank (Suecia) y LHV (Estonia) son bancos que sí admiten la tarjeta de residencia electrónica para iniciar sesión y administrar una cuenta. Por supuesto, un trámite presencial puede ser un conflicto para un cubano que no tiene ciudadanía española, visa europea o el dinero para costear el viaje. Sin embargo, sí existe una solución para alcanzar tu tarjeta de débito sin salir de tu casa, al alcance de un par de clics.


Desde enero de 2019 no es necesario tener una cuenta bancaria (física) en Estonia para operar vía remota su empresa. Solo con acceso a Internet puedes elegir un banco o institución de pago electrónico en la Unión Europea como TransferWise Borderless, Monese, Payoneer y Paysera.
Según su página web, TransferWise Borderless te permite guardar tu dinero en 27 monedas diferentes (y la cifra puede crecer). También puedes recibir pagos de Reino Unido, la UE y los Estados Unidos. Por último, otro servicio posible es el envío de dinero a destinos internacionales usando tu propio saldo. Todas estas operaciones las podrías realizar sin moverte de Cuba.

¿Por dónde comenzar?

Elvis Morales, un desarrollador web cubano, solicitó la residencia electrónica de Estonia en noviembre de 2016 desde su departamento en Estados Unidos. Antes había leído sobre el tema y se sintió seducido por la idea. “Me llevó unos diez minutos y el costo fue 100 euros por cuatro años de validez que justo acabo de extender de modo remoto y sin pagar nada extra”.
Aunque Morales reside legalmente en Seattle (estado de Washington) y para él tener una cuenta bancaria o registrar una empresa no presenta las mismas complejidades que para los residentes en la Isla, dice que se sintió motivado por la oferta. “Ideológicamente es algo en lo que creo y me apasiona; además como desarrollador quizá en algún momento me interese tener una compañía registrada en Europa, y Estonia me da esa oportunidad. Hasta hoy no la he necesitado, pero mantengo esa alternativa abierta y sin costos, porque mientras no lucres no tienes que pagar impuestos”.

Algunas semanas después de hacer la solicitud, por correo electrónico Morales recibió la aprobación. El siguiente paso era visitar el consulado estonio más cercano con su pasaporte cubano en mano. Allí le tomaron sus huellas digitales y le entregaron sus credenciales en persona.
Este es el más grave impedimento para los residentes en la Isla: Estonia no tiene embajada en La Habana, sino una representación que opera en la sede sueca pero que no tramita este servicio. Por lo que la única solución para quienes viven en Cuba y desean ser estonios digitales (para tener su cuenta o empresa) es viajar una única vez a un tercer país donde exista una sede diplomática del país báltico y allí terminar la aplicación (el único destino posible, de libre visado, es Rusia).
Así, al completar el proceso, en la embajada estonia te entregarán tu tarjeta de residencia, tu Número de Identificación Personal (PIN, por sus siglas en inglés) y un lector de tarjetas pequeño y plegable.

En 30 años, Estonia dejó de ser una nación subdesarrollada del bloque comunista y se convirtió en uno de los países de más rápido crecimiento para la transformación digital en el mundo. Hoy no solo se sitúa como el tercer país (antecedido únicamente por Corea del Sur y Dinamarca) en desarrollo de gobiernos electrónicos, según un Informe de Naciones Unidas de 2020; sino que es también la nación que revolucionó las llamadas gratuitas por Internet con la creación de Skype en 2003. Y hoy, para los cubanos emprendedores, es una puerta semi-abierta hacia el mundo exterior que vale la pena explorar.

Claudia Padrón Cueto
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