Telecomunicaciones en Cuba, un negocio millonario a pesar del embargo

Ilustración: Erick Retana

En alianza editorial con CONNECTAS

A sus 92 años, Gustavo Figueroa no sabe bien cómo usar su teléfono móvil, pero tiene claro a dónde ir para poner, desde Miami, una recarga telefónica a sus sobrinos en Cuba y así poder comunicarse con su hermano Carlos Alberto, de 85. Gustavo no ha vuelto a su país natal desde que el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 lo sorprendió en Nueva York y su padre le dijo que no regresara. Si bien los separa el mar y la política desde que Gustavo emigró a Estados Unidos, los hermanos no han perdido el contacto. A lo largo de más de 60 años han aprendido a hacer uso de la tecnología para comunicarse y, más recientemente, volver a verse a través de la pantalla de un celular. 

Esto ha sido posible porque a pesar del embargo impuesto por Estados Unidos a Cuba desde 1962, siempre ha existido una ventana legal para mejorar las comunicaciones de los cubanos en el exilio con sus familias; incluso después de las leyes Cuban Democracy Act, también conocida como la ley Torricelli (1992) y la Helms Burton (1996), aprobadas por el congreso estadounidense para endurecer el embargo y ejercer más presión sobre el régimen tras la caída de la Unión Soviética. 

De hecho, la primera ley autoriza expresamente las instalaciones de telecomunicaciones “en la cantidad y en la calidad que sea necesaria para proporcionar servicios de telecomunicaciones eficientes y adecuados entre los Estados Unidos y Cuba”. También establece que el presidente “puede prever la expedición de licencias para el pago total o parcial a Cuba de los montos adeudados como resultado de la prestación de servicios de telecomunicaciones autorizados”.  

Tanto en su intercambio con Estados Unidos como con el resto del mundo, las telecomunicaciones han sido una importante fuente de ingresos para Cuba. Según cifras de la OCDE –que se basan en datos de la Eurostat, el FMI y fuentes nacionales–, las exportaciones de ‘servicios de telecomunicación, computación e información’ entre 2005 y 2019 fueron de 5 697 millones de dólares a Estados Unidos y de 21 582 millones de dólares a todo el mundo. Un número muy superior a lo que exportaron en ese mismo rubro países latinoamericanos como República Dominicana (3 886 millones), Guatemala (7 628 millones) o Ecuador (1 735 millones de dólares)

 

Ingresos de Cuba por exportación de servicios del sector de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. Fuente: Organización Mundial del Comercio/Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

Incluso los reportes del gobierno cubano de los últimos tres años, a pesar de presentar montos mucho menores, muestran la importancia de los servicios de telecomunicaciones en el conjunto de exportaciones del país. Según la Oficina nacional de estadística e información de Cuba, ONEI, los ingresos por exportaciones de servicios de ‘telecomunicaciones, transmisión y suministro de información’ fueron de 722 797 dólares en 2018; 723 032 dólares en 2019 y 807 222 dólares en 2020. En este último año, fue el segundo mayor rubro de exportación (de servicios), con el 11,7 por ciento, solo por debajo del rubro de los servicios de salud. 

Como advirtió el economista cubano Omar Everleny en entrevista para este reportaje, han quedado atrás los tiempos en que Cuba era una potencia azucarera, tabacalera e incluso niquelífera. “Lejos de las tradicionales industrias, son los servicios los que vienen dinamizando la economía cubana desde hace varios años”, destacó, y subrayó el crecimiento del sector de las telecomunicaciones, con exportaciones muy por encima de otros. 

Ingresos por exportación de servicios 2018-2020. Fuente: Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Cuba).

Los pocos datos disponibles permiten dilucidar que existe un negocio muy lucrativo en este sector, controlado completamente por el Estado en la figura de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A., ETECSA. Sin embargo, se trata de un servicio caracterizado por la opacidad y alimentado por el exilio de cerca de un 14 por ciento de la población total de Cuba, que paga lo que sea necesario para conectarse con su familia en la isla. Este reportaje de Yucabyte y CONNECTAS busca explicar cuáles son las principales fuentes de ingreso de ETECSA, blindadas contra los efectos del embargo o de las sanciones que ha impuesto Estados Unidos a empresas y personas cubanas en otros sectores de la economía. 

En un principio, como la Cuban Democracy Act establecía que el presidente “presentará al Congreso semestralmente un informe que detalle los pagos realizados a Cuba por cualquier persona de los Estados Unidos como resultado de la prestación de servicios de telecomunicaciones autorizados” se publicaron algunos de esos pagos realizados. Según gacetas del Congreso de ese país, los pagos de los operadores estadounidenses a Cuba entre octubre de 1992 y junio 30 de 1996 totalizaron 109 millones de dólares. Después de eso, la única información completa para un año es la de 1998, cuando los operadores de EE. UU. pagaron 79 millones de dólares. No fue posible acceder a los reportes de los años siguientes. Yucabyte y CONNECTAS realizaron peticiones de información a la Comisión Federal de Comunicaciones, a la Oficina de publicaciones del gobierno de Estados Unidos y a los senadores Mario Diaz-Balart, Albio Sires y María Elvira Salazar, pero no se obtuvo ninguna respuesta. 

ETECSA fue creada el 17 de agosto de 1994, con un modelo de negocios sustentado en los servicios de voz. Frenar el deterioro de la telefonía en el país era uno de objetivos fundamentales, y para eso obtuvo una concesión administrativa por 25 años para la prestación de servicios públicos de telecomunicaciones en todo el territorio nacional. Algunos de estos servicios —la telefonía básica y el servicio celular de telecomunicaciones de segunda generación— con carácter exclusivo durante tres quinquenios. La empresa tendría derecho también a la exclusividad sobre los servicios que fueran considerados una evolución tecnológica, como las telefonías de tercera y cuarta generación. 

La concesión del servicio celular para las comunicaciones móviles terrestres se le otorgó en 2012. Un año más tarde, una nueva concesión intentó unificar lo regulado desde el 2003 y extendió los derechos de explotación del servicio de telecomunicaciones hasta el 31 de diciembre de 2036. Por primera vez fue explícito que la empresa debería abonar cada año parte de sus utilidades netas al Estado cubano. En este caso, el cinco por ciento, pero no en dólares, sino en “pesos cubanos”. Se trata de la única moneda nacional que existe ahora en el país, luego de la unificación monetaria que se implementó desde principios de 2021 y con la cual desapareció el peso cubano convertible (equiparable al dólar y 24 veces más fuerte que el peso cubano), que sí circulaba en 2013 cuando ETECSA recibió esa concesión. La empresa que recibe millones en divisas ha pagado al Estado parte de sus utilidades en la moneda nacional devaluada. 

Tanto la llegada del internet a Cuba en el año 1996 como la fusión de las empresas de telecomunicaciones en 2003 sentaron las bases para que ETECSA monopolizara las telecomunicaciones en la isla y sirviera de canal para la captación y el ingreso de divisas. Una de las fuentes más cuantiosas, pero no la única es, desde 2013, el negocio de las recargas internacionales a líneas telefónicas de Cuba. 

Según la página oficial de ETECSA, existen dos maneras de hacer esas recargas desde el exterior. Una de ellas es ir a un establecimiento autorizado en otro país y hacer la recarga presencial. Esa es la modalidad que utiliza Gustavo Figueroa. Va a algún centro comercial en Miami, hace la fila, entrega los números a los que quiere hacer la recarga, paga y listo. Pasado un rato notifica a sus parientes en Cuba y estos le confirman si recibieron la recarga. Por cada número telefónico que recargue, Gustavo debe pagar un mínimo de 20 dólares, lo que alcanza para hablar al menos 20 minutos con sus familiares si lo hiciera a la vieja usanza, a un costo “para ellos” de 27,50 pesos cubanos (poco más de un dólar al cambio oficial) el minuto. Empleando Internet y sus servicios de mensajería mediante paquetes de datos de ETECSA podría hablar con los suyos durante horas, aunque la conexión no siempre es óptima y fuera de las ciudades tienden a congelarse las imágenes. Por otro lado, el gasto es mayor para Gustavo porque recarga a varios familiares. 

Él pudiera, no obstante, simplificar el proceso si bajara de Internet una aplicación de recargas y vinculara su cuenta a una tarjeta de crédito. Pero para eso tendría que pedirle ayuda a su nieto y la verdad es que él, dice, prefiere “arreglárselas” solo. Según el sitio web de ETECSA, la empresa cubana tiene convenios con ocho empresas internacionales para recibir recargas: Ding (nombre comercial de Ezetop), Recargas a Cuba, DTOne, CSQ World, Boss Revolution, Móviles compra Dtodo, Global DSD y Recharge phones. 

La más grande de ellas, Ding, aunque es irlandesa, tiene subsidiarias en Estados Unidos, específicamente en Florida, donde mueve gran parte del negocio de las recargas. No pudimos acceder a sus informes financieros porque no están disponibles, tampoco se sabe qué tan cercano sea su vínculo con personajes cercanos al gobierno cubano y/o sancionados por OFAC. Sin embargo, Ding es inmune al embargo, un “bloqueo” al que las autoridades cubanas achacan graves daños para la economía nacional. En la actualidad, ofrece varios tipos de recargas a Cuba (celular y Nauta, un servicio de conexión para puntos WI-FI colectivos y desde casa) y paquetes de hasta 169.49 USD

Por su parte la sueca Rebtel, que junto a otras como Cuballama, ACuba y Fonoma no aparece recomendada por ETECSA, muestra a Cuba entre sus tres destinos populares de recargas y vende por el competitivo precio de cinco dólares 20 minutos de llamada a la isla. Aun así, muchos eligen la recarga desde el exterior y pagan los 20 dólares (mínimo) que cuesta, como una mensualidad telefónica para sus familiares. 

Según datos suministrados por Cubacel ETECSA en agosto de 2020, cuatro millones de clientes acceden a internet por servicio de telefonía móvil en Cuba, el 35 por ciento de la población. Ni todas las líneas cubanas son recargadas desde el exterior ni las que se recargan suelen recibir solo una, sino unas cuantas recargas al año, pero si se estima que cada una de esas líneas móviles fue recargada desde el exterior una sola vez al año, con 20 dólares, el mínimo de la recarga doble, significa que la empresa ingresa solo por ese concepto 120 millones de dólares

Si en lugar de una vez al año se hacen recargas todos los meses, suman 1 440 millones de dólares en beneficio de ETECSA. Y esos dólares, por lo general, no salen sino de los bolsillos de los emigrados, que de acuerdo con los datos más recientes de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) sobrepasan el millón y medio (1 620 261) solo en cinco destinos: Estados Unidos (1 376 211), España (162 368), Italia (38 532), Chile (23 929) y Canadá (19 221). Si cada uno de esos exiliados pone un promedio de una recarga al mes a al menos uno de sus familiares, la ganancia de ETECSA es de al menos 19 millones 443 mil 132 dólares al año. Si recargara las líneas de dos o más familiares o amigos cada mes —como sucede en muchos casos—, las cifras se disparan.

Lista de los 30 países que más han pagado a Cuba por servicios de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. Fuente: Organización Mundial del Comercio/Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

Los tentáculos de ETECSA cada vez son más largos. El 21 de diciembre de 2020 fue publicada la Resolución 157/2020 del Banco Central de Cuba (BCC) que le otorgó licencia a la empresa de telecomunicaciones para prestar servicios de apoyo a las instituciones financieras en el territorio nacional, ejerciendo como proveedor de servicios de pagos a través de la operación y gestión de la plataforma Transfermóvil. A esta resolución se sumó otra del 2021 que otorgó a la misma empresa una licencia para ofrecer servicios financieros. 

“ETECSA ha solicitado al Banco Central de Cuba la modificación de la licencia concedida a fin de incluir entre las actividades autorizadas a desarrollar, la habilitación de un monedero móvil como parte de la operatoria de la plataforma Transfermovil”, se lee en la Gaceta. 

Por lo general, los monederos móviles permiten que cualquiera que tenga un teléfono celular almacene dinero en su dispositivo y pueda retirar o agregar fondos, así como enviar dinero a amigos, pagar facturas o comprar tiempo de llamada. Lo más atractivo de su uso es que no se necesita ir a un local físico.  

En el caso de Transfermovil, la aplicación desarrollada por ETECSA, el Banco Popular de Ahorro (BPA), Banco de Crédito y Comercio (BANDEC) y el Banco Metropolitano (BANMET), para hacer pagos electrónicos de facturas telefónicas, de gas, electricidad y agua, se requiere de una tarjeta de Telebanca, asociada a una tarjeta del Banco al que pertenezca el cliente. Por tanto, el dinero no se almacena en el móvil en forma de saldo sino en la tarjeta asociada, al igual que en PayPal, la opción líder de procesamiento de pagos online, incluidas remesas. Esto muestra que una de las ideas bajo el tapete cuando ETECSA pidió autorización para habilitar un monedero móvil era que esta movida legal le permitiera manejar el ingreso de las remesas. 

En ese momento se dirimía la salida de Western Union de Cuba, debido a su negocio con Fincimex, una entidad sancionada por OFAC. El mercado de las remesas estaba en peligro y muchos fantasearon con que ETECSA llenara el vacío que dejase la Western, precisamente porque está blindada ante cualquier sanción por parte de Estados Unidos. Pero al irse WU, lo que vino a la larga fue la salida de circulación del dólar, que por decisión gubernamental no se puede depositar ni extraer de cuentas cubanas, y la entronización del comercio electrónico. Se habilitaron en todo el país tiendas donde se paga en moneda dura, electrónicamente, mediante tarjetas recargadas en Cuba o desde el exterior. Fue la “solución” que halló el gobierno para el problema de fondo: el reclamo del exilio que enviaba a sus familiares remesas en dólares, que al llegar a Cuba se convertían en “pesos devaluados” y a una tasa de cambio favorable al régimen. 

Lo que hubieran deseado los usuarios es que en vez de ir a comprar con una tarjeta exclusivamente en moneda fuerte, pudieran usar su recarga móvil para pagar con “saldo”; es decir, que Transfermovil permitiera, con la cuenta recargada desde el exterior, pagar servicios y facturas en Cuba, hacer transferencias de dinero y hasta extraerlo. Nada de esto ha ocurrido. Ni ETECSA entró oficialmente al mercado de las remesas ni Transfermovil ha podido ser habilitado como verdadero monedero electrónico, ni siquiera para las transacciones en territorio nacional entre cuentas en la misma moneda. Funciona como plataforma de pagos en línea (asociada a una cuenta bancaria) solo en el territorio nacional.  

No obstante, arribó a los dos millones de usuarios, según tuiteó el 22 de abril de 2021 la actual presidenta ejecutiva de ETECSA, Tania Velázquez. Informó que “la pasarela de pagos incorporó desde el pasado 22 de abril el nuevo servicio de contratación digital, de modo que las empresas y las formas de gestión no estatal puedan gestionar el cobro de sus servicios y productos mediante esta pasarela de pago, sin la necesidad de acudir a las oficinas comerciales de ETECSA para adquirir este novedoso servicio”. 

Otra movida de ETECSA para generar ingresos es la venta de artículos tecnológicos a sobreprecio. Normalmente, el mercado de los teléfonos móviles en la isla cobra vida en el mercado informal y no en las vitrinas de ETECSA. Pero durante la pandemia, ante la crisis de las mulas que suelen llevar teléfonos al país, la empresa de telecomunicaciones jugó sus cartas y puso a la venta, en MLC, algunos modelos; por ejemplo el Móvil TCL T799B con garantía de 3 meses, por el precio de $684,00 USD, unos 16 416 pesos (CUP) cubanos o, lo que es igual, 4,17 veces el salario medio ( 3 934 CUP). Ese modelo se consigue por la mitad del precio en Ebay. Que los cubanos en la isla tengan vetado Ebay, por ejemplo, le abre las puertas a ETECSA para lucrar con la miseria. Por eso, muchos cubanos se abstienen de comprarle un equipo a ETECSA y esperan que “alguien” lo traiga de “afuera”. 

Para justificar los altos precios de la telefonía, las líneas móviles y luego de Internet y de los dispositivos, el gobierno siempre ha echado mano de su argumento más socorrido: el “bloqueo”. Incluso en 2011, cuando se “nacionalizó” ETECSA (el país recompró sus acciones) los medios de propaganda echaron mano de este: “la Isla considera a las telecomunicaciones como un asunto estratégico para su desarrollo y defensa del país, un área de la economía duramente golpeada por el bloqueo norteamericano”.

​​Gustavo Figueroa (92 años), luego de poner desde Miami recargas telefónicas a sus sobrinos en Cuba, se comunica con su familia en la Isla.

En los 90, a Gustavo le resultaba extremadamente costoso llamar a sus familiares, aun cuando las tarifas convenidas entre operadores telefónicos no podían exceder de 1,20 dólares el minuto, 50% para cada parte. Ya para esas fechas, los ingresos de Cuba por concepto de telecomunicaciones, solo desde Estados Unidos, eran millonarios.  Ahora que han transcurrido casi 30 años y se han diversificado las formas de comunicarse, Gustavo puede recurrir a la vía de las recargas porque las tarifas de las llamadas directas siguen siendo privativas, sobre todo cuando se trata de personas mayores que carecen de destrezas tecnológicas y no consiguen abaratar costos mediante clics. 

Si las llamadas entre Cuba y Estados Unidos continúan siendo caras, eso no hace sino beneficiar al régimen impulsando “la solución” de las recargas, parte del negocio de las telecomunicaciones que ha captado unos 21 mil millones en 20 años  sin competencia alguna. La paradoja es que a pesar de no ingresar tantos millones por llamadas como en los años 90, la maquinaria de las telecomunicaciones es hoy el segundo rubro (de servicios) exportable desde Cuba. El negocio sigue en manos de un estado que utiliza esta empresa como arma política y además no invierte en infraestructura.

Palma Soriano, Cuba (1993). Periodista por cuenta propia con fugas frecuentes hacia la poesía. Autora de los libros Eduardo Heras: los pasos, el fuego, la vida (Letras Cubanas, 2018) y Mestiza (CAAW, Estados Unidos). Egresada de la Universidad de La Habana e integrante de la Red Latam de Jóvenes Periodistas. Ha publicado en Distintas Latitudes, HuffPost, Clarín, El Estornudo, Hypermedia Magazine, pero la mayoría de sus textos están en Eltoque y Tremenda Nota. Escribe, luego existe. --
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