Cubanos en Estados Unidos: ¿inmigrantes privilegiados o exiliados del comunismo? 

Ilustración: Alejandro Cañer

MIAMI. – Delano Cicconi tenía 15 años cuando en marzo de 2016 Barack Obama y Raúl Castro se dieron las manos en el Palacio de la Revolución en La Habana y oficializaron el acercamiento entre los dos países. Cinco meses después, en noviembre de ese año, Cicconi apareció en las noticias como uno de los teenagers de Florida que se habían saltado las clases para asistir a la presentación de Donald Trump en el Bayfront Park Amphitheater de Miami. Y, ahora que ya ha cumplido los 22 y mantiene su interés en la política, es uno de los estudiantes de la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés) que participó el pasado 9 de diciembre en la presentación del polémico libro Cuban Privilege: The Making of Immigrant Inequality in America (Cambridge University Press, 2022), calificado por voces del exilio como “retórica anticubana”.

Cicconi no solo hizo acto de presencia en el evento que suscitó protestas de exiliados cubanos, sino que también intervino en la ronda de preguntas, moderada por Jorge Duany, director del Cuban Research Institute (CRI, por sus siglas en inglés) y protagonizada por la profesora estadounidense Susan Eckstein, autora del libro, y por el presidente del Directorio Democrático Cubano, Orlando Gutiérrez-Boronat. 

Luego de presentarse como estudiante de FIU y nieto de un refugiado cubano, Cicconi encaró directamente a Duany, lo acusó de haber censurado sus comentarios y de haberlo bloqueado en Instagram. “¿Cómo puede alegar que esta es una discusión abierta cuando usted bloqueó mis comentarios y usó las mismas tácticas del régimen de Castro, la censura, la censura a los estudiantes?”, preguntó ante más de 500 personas. “Si la misión [del CRI de FIU] es censurarnos, deberían cambiar el nombre de Cuban Research Institute a Communist Regime Indoctrination, porque eso es lo que están haciendo”, concluyó entre aplausos de una comunidad alerta por los indicios de un segundo deshielo entre Cuba y EE. UU.

Las preocupaciones no son infundadas. A dos días de presentado el volumen de Eckstein, que cuestiona la aplicabilidad de la condición de refugiado a cubanos en EE. UU. y se publica en un año en el que han entrado por fronteras estadounidenses más de 200 000 cubanos, congresistas del país norteño se reunieron en La Habana con el gobernante Miguel Díaz-Canel. 

¿Cómo un evento académico se convirtió en suceso político?

Hace unos cinco meses, cuando Eckstein, Dra. por la Universidad de Columbia, publicó el libro Cuban Privilege y la Universidad de Boston lo anunció en su portal web, la noticia pasó prácticamente desapercibida excepto en el entorno académico. 

El revuelo popular surgió cuando la promoción del libro comenzó a llegar a Florida, nada más y nada menos que mediante la programación de un panel de presentación de ese título traducido al español como “Privilegio cubano: la creación de la desigualdad de inmigrantes en Estados Unidos”.

Primero, la presentación se había previsto en la librería Books & Books en Coral Gables y finalmente, por la gran cantidad de público interesado, se cambió al Wertheim Performing Arts Center (WPAC), una sala de conciertos con aforo de 500 personas en el campus Modesto A. Maidique de FIU. Esta institución universitaria, a través de su  Instituto de Investigación Cubano coordinó y patrocinó el polémico suceso académico con sustrato ideológico y participación de voces destacadas del exilio cubano en Miami: académicos, comisionados, activistas e influencers han emitido declaraciones respecto del tema. Al libro lo han calificado de “retórica anticubana”, a la mensajera de “intolerante” y a la presentación del volumen como un acto de “incitación al odio”. 

A tal punto ha llegado el debate que el presidente de FIU, Kenneth A. Jessell, firmó un comunicado de prensa en el que reconoció haber estado colaborando con colegas y líderes comunitarios para dirigir esta presentación en la que ―tenía claro― debían “incluir otros puntos de vista” para “tener una discusión equilibrada y objetiva”. Fue esa la razón por la que quedó en manos de Gutiérrez-Boronat la titánica labor de funcionar como contrapeso académico de la autora del libro, en pos de aportar al debate contexto histórico y afectivo sobre el exilio cubano. 

Las bases de la polémica 

Como el propio título del libro de Eckstein indica, se trata de un análisis en el que la autora invoca un “privilegio” migratorio en EE. UU. para los nacionales de Cuba. “Durante más de medio siglo, EE. UU. otorgó a los cubanos, uno de los grupos de inmigrantes más grandes del país, derechos únicos”, se lee en la reseña de la web de la Universidad de Boston. 

“Mientras que otros inmigrantes no autorizados enfrentaron detención, deportación y restricciones legales, los inmigrantes cubanos pudieron ingresar al país sin autorización y tener acceso a beneficios sociales y estatus de ciudadanía”, añade el resumen del libro de Eckstein, publicado por el prestigioso sello Cambridge University Press como “el primero en revelar la gama completa de derechos otorgados a los cubanos”.

Ya en la presentación, una de las líneas más candentes a las que se aventuró la autora fue la de que en la nación norteña se admitía a los cubanos como refugiados cuando “no cumplen los criterios del estatus de refugiados”. “No other immigrants receive that entitlements”, aseveró en su idioma.

Antes de que estallara la polémica, el sello editorial (Cambridge) apeló en la reseña del libro al prestigio de la autora y el rigor académico vertido en sus hallazgos: “Cuban Privilege se basa en archivos ocultos, entrevistas y datos de encuestas para resaltar cómo Washington, en el proceso de privilegiar a los cubanos, los transformó de agentes de la política exterior de la Guerra Fría de EE. UU. en una fuerza políticamente poderosa que influye en la política nacional. Al comparar el trato excluyente de los vecinos haitianos, el libro revela los prejuicios raciales y políticos arraigados en la política de inmigración de EE. UU.”.

Sin embargo, la apuesta por los análisis comparativos es siempre arriesgada y, en este caso, no ha dejado de encontrar cuestionamientos que incluyen, además, la inconformidad ante el sesgo de la autora al evitar la palabra exilio en referencia a la comunidad cubana en EE. UU. 

“No mencionan que somos exiliados y que las condiciones que prevalecían cuando se otorgó la Ley de Ajuste Cubano todavía existen: un país tomado por el comunismo a 90 millas de los EE. UU. La Guerra Fría puede haber terminado pero la persecución política sigue siendo real en Cuba”, dijo en Twitter la periodista Ninoska Pérez, quien amplió su opinión durante la presentación del libro.

Por su parte, la representante por el estado de Florida Alina García destacó que “el odio no tiene cabida en ninguna parte” y contó: “Mi familia fue encarcelada y perseguida por el régimen castrista. FIU debe abordar esto y corregirlo [el enfoque Eckstein] de inmediato”.

Michael Mena, vicealcalde de Coral Gables apuntó: “Desconocimiento abrumador. Mire cuán desesperadamente la descripción evita usar la palabra ‘exiliados’, que obviamente es crítica. Decepcionante de FIU-CRI. Espero que al menos tenga la honestidad intelectual de tener a alguien que presente el punto de vista opuesto a esta exhibición unilateral impulsada por la agenda”.

El propio Dr. Gutiérrez-Boronat, en respuesta al libro y a preguntas puntuales de una audiencia ávida, criticó que en el volumen (que asegura haber leído desde la primera página hasta la última) se percibe ausencia de rigor científico social porque la autora “no pone en contexto” una serie de hechos históricos que han vivido los cubanos, en particular los opositores, durante más de 60 años: fusilamientos y ejecuciones extrajudiciales, concentración en las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), limitación de libertades de expresión y asociación, destierro… 

La primera falta, insistió, es que no se reconozca en el libro a Cuba como “un régimen totalitario” que expulsa a una parte significativa de la población y la criminaliza incluso cuando intenta salir “ilegalmente” del país a riesgo de perder la vida en el mar o la selva. 

Otra voz en las redes sociales fue la de la activista Salomé García Bacallao. “Gente de otras nacionalidades puede venir a trabajar con visa de no inmigrante”, dijo. “Y no veo a nadie hablando del privilegio argentino o brasileño. Pero el punto es que su discurso trata de hacer que el régimen cubano parezca una víctima”, agregó. 

Durante la presentación, que forma parte de una serie de larga data auspiciada por el CRI y acoge a autores de libros sobre temas relacionados con Cuba y la diáspora cubanoamericana, la profesora de la Universidad de Boston dijo que conocía y respetaba la migración cubana, pero que su libro estaba enfocado en las políticas migratorias de EE. UU. y su impacto. 

La respuesta de activistas y sobrevivientes de la represión estatal en Cuba como Jorge Luis García Pérez (Antúnez), Eliexer Márquez Duany (El Funky) y Ányelo Troya, presentes la noche del debate, se ha desplegado en plataformas virtuales, donde ha crecido el reclamo a manifestarse públicamente bajo lemas como “El exilio cubano se respeta”. El influencer Alexander Otaola, quien tuvo una participación intensa en la polémica, apareció en redes sociales como abanderado de una marcha de autos: “El exilio se respeta, Susanita conmigo no te metas”, decía el presentador del programa “Hola Ota-Ola”, el cual posee métricas imponentes de visualizaciones, así como un eje clave en la viralización en redes del debate sobre Cuban Privilege.

La voz de la Universidad, las voces de los estudiantes 

Aunque Jessell, a nombre de FIU, aseguró que las universidades tenían “la responsabilidad de defender la libertad de expresión y apoyar la discusión abierta de temas, incluso [de] aquellos que pueden ser controvertidos”, en el debate hubo indicios de silenciamiento de actores sociales interesados en el tema. Fue ese el reclamo de Delano Cicconi.  

El director de la institución describió a FIU como “una universidad pública de investigación arraigada en una comunidad compuesta en gran parte por exiliados e inmigrantes que huyeron del comunismo y otros regímenes opresivos” en la que la responsabilidad con la libertad de expresión adquiere un “nuevo significado”. Una línea de debate fluyó en torno a si el libro debía siquiera ser presentado, pero primó el derecho a la pluralidad. La congresista María Elvira Salazar tuiteó al respecto ese día: “Toda mi solidaridad para nuestro exilio cubano que está manifestando su descontento con el evento realizado hoy en FIU. No se puede pretender insultar al exilio cubano con fondos de los contribuyentes. Totalmente inaceptable”.

Justo una de las preocupaciones que generó la presentación de Cuban Privilege  fue la de ser patrocinada por esa institución, a la que aportan los contribuyentes cubanos. También se cuestionó el enfoque de la palabra “privilegio” en lugar de otra como “condición” o “estatus especial”.

Otros estudiantes y profesores que intervinieron durante la presentación aportaron al debate con criterios sobre la perspectiva de Eckstein y se apoyaron en sus historias personales. No todos eran de origen cubano e, incluso, algunos alabaron a Eckstein por traer a discusión el tema de los refugiados y las asimetrías entre los nacionales de distintos países. La propia autora, sin embargo, terminó matizando su discurso con que ella no está diciendo que los cubanos no deban tener derechos sino que otros no los tienen. 

Aun con posturas diametralmente opuestas, la presentación se hizo, por lo cual el académico Armando Chaguaceda consideró: “La realización de este debate, en una universidad pública y pese al dolor en torno al drama cubano, revela muchas cosas. Que una sociedad abierta no se cancela al otro. Que se puede protestar sin agredir. Una diferencia esencial entre una democracia imperfecta (EE. UU.) y una tiranía (Cuba)”, dijo el académico.

¿Quién es Susan Eckstein?

Susan Eckstein es profesora de Relaciones Internacionales y Sociología en la Escuela de Estudios Globales Frederick S. Pardee de la Universidad de Boston. De acuerdo con su hoja de vida, centra su investigación en América Latina y la inmigración latinoamericana: ha escrito extensamente sobre México, Cuba y Bolivia y, en los últimos años, sobre la inmigración a través de las fronteras y su impacto, así como sobre la política de inmigración. 

Asimismo, la profesora es autora y editora de libros sobre “los pobres urbanos, los impactos de las revoluciones, los movimientos sociales y los derechos sociales”. 

Específicamente en torno a Cuba, país que ha visitado con regularidad según su currículum, sus libros se han enfocado a “la Revolución liderada por Castro, los inmigrantes cubanos y cómo han transformado Miami e influenciado la política exterior de EE. UU. y la política de inmigración cubana de EE. UU. desde la Revolución”. Por la relación de obras aparecida en el mismo documento profesional, la Dra. Eckstein habría comenzado su trayectoria académica sobre temas de Cuba a mediados de los años 70 del pasado siglo con textos como La depuración (‘desburgueización’) de las ciudades cubanas (1976).

En 1983 recibió el premio [metálico] Lourdes del Casal al mejor artículo inédito en ciencias sociales sobre Cuba, que creó “un grupo de amigos y colegas de Lourdes para honrar su memoria” y empezó a ser otorgado desde ese mismo año. El comité del premio lo integraron ocho académicos de prestigiosas universidades estadounidenses, el Institute for Cuban Studies y el Círculo de Cultura Cubana (Inc.), este último fundado en 1979 y registrado como empresa en Nueva York. El Círculo fue una de las organizaciones sin fines de lucro que propició el “intercambio cultural” y los llamados “puentes” entre Cuba y EE. UU.  

Eckstein continuó escribiendo: La Revolución Cubana en perspectiva comparativa y La economía centralizada y planificada cubana (1986); Sobre la crisis fiscal socialista, lecciones de Cuba (1988); La quieta transformación de Cuba (2001), y Construyendo puentes en las fronteras: cómo los recientes inmigrantes están impactando una eventual Cuba post-Castro (2006). 

Durante el acercamiento diplomático y político entre Cuba y EE. UU., también trató el tema. Por ejemplo, en 2016 publicó U.S. Cuban Immigration Exceptionalism and Its Unintended Consequences gracias al Cuba Program/Institute of Latin American Studies, la Universidad de Columbia y el Centro de Investigaciones de Política Internacional del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de Cuba, es decir, la casa de estudios de los diplomáticos del régimen.

La académica también se ha preocupado por cómo los cubanos han transformado la política local en Florida (en 2014 publicó How Cubans Transformed Florida Politics and Leveraged Local for National Political Influence por University of Florida Press).

Este libro ganó incluso la medalla de oro en la categoría de no ficción de los Florida Book Awards. Ella venía siguiendo el tema desde 2013 con​ Homeland Impacts of Developing Country Immigrants: An Overview, How Cuba Americans Are Unwittingly Transforming Their Homeland, ​How Immigrants Impact Their Homelands​ y en Cubans without Borders: From the Buildup to the Breakdown of a Socially Constructed Wall across the Florida Straits.

Para algunos, la experticia de Eckstein en temas cubanos es insuficiente para abordar el complejo conflicto de esta nación insular y su diáspora. Aun así, exiliados cubanos comparten la idea de que Eckstein ha sido desafiante, de una valentía casi temeraria, al venir a la capital del exilio cubano para decir lo que ha dicho sobre los cubanos. Así lo cree el exprisionero político Antúnez, quien dijo además que “los comunistas estaban revueltos/desatados en la presentación”.  

El debate, ¿un impulso para el libro?

Cuban Privilege es un libro de tapa dura que consta de 300 páginas y aparece en Amazon desde el 2 de junio de 2022. Tiene un costo de 40 dólares. Las reseñas de los compradores (34 hasta la fecha) promedian una calificación de dos estrellas y media de un total de cinco. Algunos lo tildan de xenofóbico, de desinformación y hasta de propaganda procastrista. Otros creen que fuera del contexto de la comunidad cubana, cualquier otra persona hispana residente en Miami, Texas o Nueva Jersey estaría de acuerdo con la autora. Quienes apoyan esta tesis, por lo general, no suelen ser cubanos.  

De momento, no hay elementos que permitan concluir si las reacciones en Miami han influido en las ventas del libro, si lo han catapultado o, por lo contrario, lo han enterrado. Las protestas que han tenido lugar, tanto en los alrededores del campus mientras se desarrollaba la presentación el viernes 9 de diciembre, como el sábado 10, Día Internacional de los Derechos Humanos, han puesto más presión sobre el tema y el sentimiento de los exiliados de cubanos que, a diario, mantienen su activismo contra el régimen de La Habana. Por un lado, se abrió un diálogo al interior de la comunidad; por otro, aún es difícil calibrar qué efectos políticos tendrá este libro que podría atentar contra los derechos conseguidos por el llamado exilio histórico.

Palma Soriano, Cuba (1993). Periodista por cuenta propia con fugas frecuentes hacia la poesía. Autora de los libros Eduardo Heras: los pasos, el fuego, la vida (Letras Cubanas, 2018) y Mestiza (CAAW, Estados Unidos). Egresada de la Universidad de La Habana e integrante de la Red Latam de Jóvenes Periodistas. Ha publicado en Distintas Latitudes, HuffPost, Clarín, El Estornudo, Hypermedia Magazine, pero la mayoría de sus textos están en Eltoque y Tremenda Nota. Escribe, luego existe. --
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