Robert Sajo: el húngaro que introdujo al castrismo en Internet

Ilustración: Julio Llópiz-Casal

Recientemente, el programa A fondo de América TeVé rescató una grabación de 1996 en la que Raúl Castro, entonces Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), asume la responsabilidad por el derribo, en febrero de ese mismo año, de dos avionetas de la organización cubanoamericana Hermanos al Rescate que ingresaban al espacio aéreo cubano sin autorización.

Este hecho, que ocasionó la muerte de cuatro personas y una importante crisis diplomática internacional, sigue siendo un tema sensible para una parte de la comunidad de exiliados cubanos del sur de la Florida, quienes consideran que el gobierno federal no ha hecho lo suficiente para llevar el caso frente a la justicia. 

Sin embargo, pocos saben que el derribo de las avionetas también está íntimamente relacionado con la decisión casi inmediata del régimen de abandonar las suspicacias políticas y abrirse de manera controlada a Internet. Una decisión que le permitió sumar una importante plataforma discursiva y de negocios y que fue posible gracias a la insistencia de un empresario húngaro-canadiense prácticamente olvidado —¿o borrado?— por la historiografía oficial: Robert Sajo.

Un valioso «disidente húngaro» 

Todo empezó en 1994, cuando Sajo llegó de visita a Cuba de la mano de su esposa rusa, quien antes había tenido un esposo cubano y conocía la isla. Fue ella quien le recomendó explorar el país, que desde 1992 había empezado a abrirse al turismo y la inversión extranjera para paliar la desintegración del bloque socialista. 

Sajo, de 48 años, tenía una historia singular. Según el periodista independiente Paulino Alfonso, que asegura haberlo conocido, había llegado a Estados Unidos en 1957 como refugiado político. Después de desertar de la guerra en Vietnam, se nacionalizó en Canadá, donde terminó convirtiéndose en un intermediario de empresarios árabes. Según contó él mismo en 2000 a la revista The Industry Standard Magazine, esto lo llevó a tener experiencias únicas, como vender un iceberg a unos príncipes del Medio Oriente o quedar bajo arresto en un hotel iraquí durante la Guerra del Golfo por órdenes de Saddam Hussein. 

Cuando llegó a Cuba, Sajo trabajaba con una empresa vinculada a Internet. Y, si bien no era precisamente un fanático de las sociedades estatizadas como la cubana, la situación de la isla captó su atención desde el primer momento. Se trataba, para él, de un país donde miles de jóvenes estudiaban programación y demás carreras afines pero no tenían acceso a Internet para desarrollar sus conocimientos. Un sitio con las condiciones perfectas para incubar un negocio, según confesó años después, teniendo en cuenta los bajos precios y la falta de competencia.  

Para ese entonces, Cuba solo contaba con intranet y correo electrónico con salida al exterior. En 1995, el InterNIC antiguo organismo gubernamental de Internet adjudicó 65 mil direcciones IP al antiguo Centro de Intercambio Automatizado de Información (CENIAI), una dependencia de la Academia de Ciencias creada en 1985 para implementar la conexión del país a las redes informáticas de alcance global. Pero nada de Internet. De hecho, el dominio .cu fue administrado por una compañía canadiense hasta principios de 1997. 

La ausencia de Internet se debía, en parte, al enorme rechazo que suscitaba entre algunos sectores del castrismo. Fundamentalmente entre miembros de las FAR y el Ministerio del Interior (Minint), quienes veían en ella una amenaza a la seguridad nacional y una vía de entrada de propaganda antigubernamental. El Ministerio de Comunicaciones (Mincom), en cambio, enfatizaba las oportunidades de desarrollo económico que podía traer Internet.   

En medio de ese debate, Sajo se dio cuenta de que Internet carecía de información que viniera directamente desde dentro de Cuba. Los textos que se encontraban sobre la isla provenían de medios extranjeros e independientes hechos desde fuera. Fue así que nació la idea de crear Cubaweb, un sitio online que permitiera revertir o al menos equilibrar esa situación.

Cubaweb empezó como una iniciativa individual. Sajo visitó las oficinas de Infomed, donde encontró programadores de HTML lo suficientemente capacitados para estructurar el sitio web que estaba pensando. Luego se fue a Canadá, creó una compañía llamada ICC Corp, compró el dominio cubaweb.cu y montó el sitio, cuyo código se había llevado de Cuba en disquetes. 

Inicialmente, el sitio solo incluía información general del país. Poco después, Sajo convenció a algunas pocas publicaciones y empresas cubanas como la cadena Hoteles Horizontes de colocar sus contenidos y anuncios en Cubaweb. A inicios de 1996, sumó a Granma Internacional, algo que consiguió gracias a la mediación de Jesús Montané, entonces ayudante personal de Fidel Castro y miembro del Comité Central (CC) del PCC. 

Este último detalle, contado en varias ocasiones por el entonces director de esa publicación, Gabriel Molina Franchossi, demuestra que, pese a la suspicacia de algunos dentro del castrismo, que lo llamaban despectivamente «el disidente húngaro» por considerar que impulsaba un proyecto subversivo, Sajo contaba con la autorización tácita del régimen para llevar adelante su experimento. 

Sin embargo, lo cierto es que el gobierno no le dio demasiada importancia a lo que hacía hasta febrero de 1996, cuando Raúl Castro ordenó derribar las avionetas de Hermanos al Rescate. En medio de la lluvia internacional de denuncias que siguió al hecho, CNN informó a su audiencia que podía leer la versión de La Habana en Cubaweb, donde ya estaba anclada la versión online de Granma Internacional. Para sorpresa del castrismo, en apenas unas horas el sitio pasó de registrar unas seis mil visitas diarias a cerca de 60 mil. 

No hizo falta más. De manera imprevista, el proyecto que tantas reticencias provocaba entre sectores del castrismo le había permitido al régimen esparcir internacionalmente su mensaje en un momento de alta vulnerabilidad mediática, cuando medios de muchos países ponían el foco sobre la mortal decisión del menor de los Castro. Pero, sobre todo, le permitió entender que, bien controlado, Internet podía ser una herramienta muy útil para legitimar su discurso político, estrechar vínculos con sus seguidores internacionales y ganar dinero.  

Descubriendo una mina de oro

A partir de entonces, la apuesta cubana por Internet cobró un efecto de bola de nieve. 

En septiembre de ese mismo año, gracias a la cooperación del U.S. National Science Foundation’s International Connections Management, un programa de ayuda a redes de investigación y educación de países en desarrollo, Cuba pudo acceder a Internet por conexión satelital. Y si bien esto fue un paso importante para el posterior desarrollo de la isla en este sector, lo cierto es que la conexión inicial de 64 kilobits por segundo (Kbps) era tan insuficiente que durante los años siguientes el régimen siguió apoyándose de empresas extranjeras para montar y gestionar muchas de sus páginas web instituciones.

Sajo fue uno de los grandes ganadores en este sentido. Tras el derribo de las avionetas, Cubaweb se convirtió en la “página web oficial” de Cuba, un status que difícilmente tuviera algún otro sitio de internet y que le aseguró un rol importante durante esos años. En apenas pocos meses, el sitio pasó de tener unas escasas entradas a hospedar los contenidos de medios oficiales, instituciones culturales y científicas, servicios de salud y todo tipo de empresas estatales: desde aerolíneas y grupos hoteleros hasta agencias de turismo y empresas exportadoras.

De esta forma, la aparición y desarrollo de Cubaweb permitió a La Habana hacerse de un espacio de acceso mundial donde contar su versión de los hechos y potenciar la idea de que el país —y, especialmente, el gobierno— es víctima del “terrorismo mediático” internacional. En 1997, Franchossi lo resumió de la siguiente manera: «Estamos utilizando Internet como el mejor medio para hacer llegar las noticias a la gente (en el extranjero). Estamos trabajando para contrarrestar la manipulación de la imagen de Cuba por parte de los cubanos de Miami».

Pero no solo eso. Cubaweb también ayudó a consolidar lo que un autor del Atlantic Monthly llamó alguna vez el «socialismo empresarial cubano». 

En efecto: según los investigadores Laura Sullivan y Víctor Fernández, Cubaweb era única entre los sitios web pro-comunistas de la época por el hecho de que, a pesar de representar a un país socialista, incluía gran cantidad de contenido de promoción turística, comercial e inversión extranjera. 

Pero Cubaweb no se limitó a promocionar las oportunidades de negocio ya existentes en Cuba. Todo lo contrario: utilizó las bondades (logísticas y legales) de Internet para crear nuevas

Prensa Latina, por ejemplo, implementó suscripciones online de hasta 360 dólares que cobraba a través de servicios estadounidenses gracias al hecho de contar con un sitio duplicado en servidores canadienses, lo cual le permitía vadear las sanciones del embargo. 

Algo parecido sucedió con otro de los negocios promovidos por Sajo dentro de Cubaweb: la venta de discos de música cubana. Como los estadounidenses no podían acceder directamente al mercado de la isla, Sajo trasladó la fabricación de los discos, de manera que los clientes compraban discos cubanos fabricados en Canadá: nada que hacer para el embargo.

Sajo fue también uno de los impulsores del sistema de reservación online de la agencia de renta de autos Cubacar, que ya en el año 2000 generaba ingresos anuales por encima de los 350 mil dólares. Este tipo de mecanismos sentó la pauta para la posterior aparición de QuickCash, un primer sitio web cubano de transferencias que facilitó la entrada de dólares y el cobro de comisiones, o de PreciosFijos.com, un supermercado online que permitió al régimen estudiar la venta de productos a través de Internet. 

No obstante, todo esto tuvo un costo para Sajo. Debido al hecho de que Cubaweb era el «sitio oficial del país, el régimen adquirió desde el principio parte de su propiedad. En junio de 1996, Sajo y ICC Corp. se unieron con el Grupo de la Electrónica del Turismo (GET) para crear Teledatos GET, que terminaría convirtiéndose en uno de los primeros proveedores cubanos de Internet y desde donde empezó a gestionarse el contenido de Cubaweb. 

«Decimos que somos “oficiales” porque contamos con todos los medios oficiales publicados en Cuba y seguimos las políticas oficiales del país.» Así lo explicaba en 1998 Aníbal Quevedo, el entonces director de Cubaweb actualmente reconvertido en uno de los empresarios privados detrás de Supermarket23 y otros negocios de comercio online vinculados al régimen. 

Sin embargo, nada de esto vino acompañado de un mayor acceso a Internet para los cubanos. Así estaba contemplado, incluso en términos legales. Los artículos 12 y 13 del Decreto 209/96 Sobre el Acceso de la República de Cuba a las Redes de Alcance Global, establecían la prioridad de conexión para «las personas jurídicas y las instituciones de mayor relevancia para la vida y el desarrollo del país», así como el «carácter selectivo» del «acceso a los servicios de redes informáticas de alcance global». 

Oscar Visiedo, quien dirigió el CENIAI hasta 1992, cuando se exilió en Miami, confirmó esto en 2004. «La estrategia de Cuba desde un principio fue impedir el acceso masivo a la Internet», dijo a Cubanet. «Priorizar el control y no el desarrollo ha sido una obsesión personal de Fidel Castro en este esfera». 

Y en efecto: un reportaje de 2001 del Chicago Tribune muestra cómo desde esos primeros años el gobierno obstaculizaba el acceso de los cubanos a un ya de por sí precaria conexión de Internet, ya fuese a través de prohibiciones de entrar a los cibercafés destinados a los turistas, o bien mediante la censura de páginas web internacionales buscadas desde sitios de navegación nacional. 

Dos décadas después, la situación no ha cambiado su esencia. Según Cubadebate, alrededor de 7.5 millones de cubanos acceden hoy a Internet a través de datos móviles y conexión WiFi, mientras que cerca de 251 mil hogares están conectados a la red mediante el servicio Nauta Hogar. Sin embargo, Etecsa mantiene bloqueados varios sitios de prensa independiente y extranjera y es responsable de los cortes de Internet que sufren activistas, opositores, periodistas independientes y localidades enteras que realizan algún tipo de protesta. 

La libertad de expresión en redes sociales, por otra parte, está condicionada por la persecución del régimen y los Decretos 370 de 2019 y 35 de 2021, que establecen multas y sanciones para quienes publiquen información que viole conceptos tan ambiguos como «la moralidad pública» y «las buenas costumbres».  

¿Qué pasó con Robert Sajo?

En 1999, Sajo vendió ICC Corp. —y, por tanto, su participación en Cubaweb— a Cuban Canadian Resorts International (CCRI), una empresa inmobiliaria de tiempo compartido (time-share) presidida por el empresario canadiense Enzo Ruberto. Lo hizo a cambio de 100 mil dólares y un paquete de acciones de CCRI. Ese año, las ganancias de Cubaweb y de ICC rondaron los 750 mil y los 250 mil dólares, respectivamente.

Estos números crecieron en los años siguientes. Después de invertir dos millones de dólares en la compañía, Ruberto siguió gestionando el portal cubano más popular de Internet, pero también se abrió a nuevos negocios. Él fue el encargado de impulsar PreciosFijos.com, QuickCash (luego Cash2Cuba) y Medicines2Cuba, un nuevo negocio para enviar medicamentos a Cuba. 

Según un reporte de CubaNews, con ellos, ICC Corp. rozó el millón de dólares netos en 2001. En 2002, superó los tres millones de dólares.

Sajo siguió presente en Cuba un poco más. Desde 1998, él y otro empresario, Hugo Emili, trataron de introducir en la isla la tecnología WebTV —luego conocida como MSN TV. Esta consistía en un dispositivo que se conectaba a un televisor con conexión RCA (video y audio), lo cual le permitía navegar por Internet mediante un control remoto que hacía el trabajo del mouse y el teclado inalámbrico.

La idea, de acuerdo con un reportaje de la revista Wired, era utilizar los WebTVs fundamentalmente en los hoteles, una iniciativa que podía ayudar a modernizar y promover la industria del turismo cubano. Para ello, Sajo comenzó a mediar paralelamente entre la telefónica estatal Etecsa y QuestNet, una empresa de telecomunicaciones de la Florida, EE.UU., con el objetivo de construir un cable submarino de Internet que dotara a Cuba de una conexión de 40 Gigabytes por segundo (Gbps). 

No obstante, Sajo también pretendía utilizar los WebTVs para llevar Internet a los hogares y centros de trabajo. Según Wired, en marzo de 1999 ya habían sido entregadas 2 mil unidades en bibliotecas y clínicas estatales, mientras otras 600 eran probadas en hogares del municipio habanero de Playa. 

Sin embargo, nada de esto llegó a concretarse. A pesar de contar con la colaboración de Servitec (empresa cubana productora de software) y varias compañías extranjeras, e incluso de haber firmado contratos con al menos un hotel de La Habana, el proyecto para llevar la tecnología WebTV a Cuba fue cancelado sin muchas explicaciones oficiales, de acuerdo con el testimonio del periodista independiente Paulino Alfonso, quien asegura haber estado presente en algunas de estas reuniones.

No pasó mucho tiempo antes de que Sajo se retirara de Cuba. Un reporte de 2002 asegura que el húngaro, entonces de 56 años, se llevó su idea a República Dominicana, donde empezó a implementar WebTVs en varios hoteles y se mantuvo viviendo al menos hasta 2009. Es lo último que sabemos de quien fue un empresario tan desconocido dentro de Cuba como clave en la decisión del régimen de aprovechar las facilidades de Internet sin poner en juego su status quo. 

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