Anamely Ramos: de profesora universitaria a activista desterrada

Ilustración: Alejandro Cañer

 

En los últimos años, Anamely Ramos se ha convertido en una de las activistas de derechos humanos más influyentes de Cuba. Además, como ex-miembro del Movimiento San Isidro (MSI), ha formado parte de algunos de los hechos recientes más importantes de la sociedad civil independiente. Como el acuartelamiento de Damas 955 por la libertad del rapero Denis Solís, que marcó un punto de inflexión en el curso de los acontecimientos políticos del país.

Al igual que otros activistas y periodistas independientes, Ramos fue desterrada arbitrariamente este año, cuando el régimen le negó la posibilidad de regresar a Cuba, de donde salió a inicios de 2021. Una muestra de la arbitrariedad con que La Habana, a través de la Seguridad del Estado (SE), dispone de los derechos humanos y constitucionales de los cubanos, en especial de los de quienes disienten. 

«Ellos hacen lo que les da la gana con ese país», dice Ramos desde Miami, Estados Unidos, donde radica actualmente y conlleva sus estudios de Doctorado en Antropología con el activismo político a favor de la causa cubana. 

La suya es una afirmación cimentada en varios años de experiencia personal. Su destierro es solo el último eslabón de una larga cadena de hechos represivos que ha debido enfrentar desde 2019, cuando empezó a denunciar públicamente las violaciones de derechos en Cuba. 

Una profesora universitaria contra el Decreto 349

Oriunda de Camagüey, Ramos comenzó a vincularse al activismo político de a poco, siempre a través del arte. En 2016, empezó a alternar su trabajo como curadora y profesora del Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana con la organización del Fórum Loyola de Debate Social, que la llevó a conocer de primera mano distintos proyectos independientes del país.

Poco después conoció a Luis Manuel Otero Alcántara, entonces un artista poco conocido del barrio de San Isidro que empezaba a ser reprimido por la Seguridad del Estado por crear el Museo de la Disidencia en Cuba y realizar performances políticas en plena calle. Aunque poco a poco fue acercándose a él y al resto de artistas independientes que lo rodeaban, Ramos no se vio realmente involucrada en el activismo hasta 2018, cuando el presidente designado Miguel Díaz-Canel firmó el polémico Decreto 349, que pretendía regular la política cultural y la prestación de servicios artísticos en el país.

Hoy, considera que el decreto marcó un momento de inflexión importante dentro del campo artístico e intelectual cubano. «Muchos intelectuales, profesores, artistas, empezaron a enfrentarse al decreto», recuerda. «Nos empezamos a nuclear, a visitar el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, tuvimos hasta una reunión, (…) muchos de nosotros escribimos sobre eso».

Si bien la presión intelectual dentro y fuera de Cuba obligó al régimen a dejar sin efecto el Decreto 349 meses después de su publicación, no pasó mucho tiempo antes de que Ramos conociera personalmente el precio de la disidencia en Cuba. Como mismo les sucedió antes o después a otros activistas vinculados profesionalmente al sector estatal, comenzó a sufrir vigilancia y presiones políticas desde la rectoría de su universidad, una práctica represiva ampliamente documentada por el Observatorio de Libertad Académica. 

«Todo ese proceso culminó en mi expulsión en 2019, bajo una justificación absurda de que había salido del país sin esperar la autorización de la universidad», cuenta. 

El Movimiento San Isidro 

En 2020, a medida que crecía su vínculo con los miembros del MSI, aumentó la represión en su contra. El 11 de junio de ese año, fue golpeada y detenida luego de llegar hasta la estación policial de Cuba y Chacón, en la Habana Vieja, a exigir la liberación de Otero Alcántara y el rapero Maykel “Osorbo” Castillo, detenidos arbitrariamente horas antes.

Días después, enfrentó su primer interrogatorio con la SE, donde le exigieron que cortara relaciones con Otero y Osorbo. «Ellos preferían que me dedicara más al trabajo intelectual [sobre arte y movimientos independientes] que a tomar el espacio público», explica. «Yo creo que el miedo de ellos es ese: quién puede incidir realmente sobre el espacio público. La SE siempre interviene cuando sucede eso». 

«Después de junio [de 2020], las detenciones, la vigilancia, el hostigamiento, se hicieron muy fuertes», añade. Un ejemplo de ello fue lo ocurrido en octubre, cuando fue víctima de un acto de repudio, una vieja práctica castrista que el régimen comenzó a retomar a partir de entonces. 

Un mes más tarde se produjo el acuartelamiento y la posterior huelga de hambre y/o sed de varios miembros del MSI y personas cercanas, dos hechos derivados del encarcelamiento del rapero Denis Solís y la decisión de la SE de no dejarles llegar comida a los acuartelados. Gracias a las directas de Facebook de Ramos y otros de ellos, durante los días siguientes miles de personas dentro y fuera de Cuba pudieron ver de primera mano la represión del régimen, que incluyó desde ataques físicos hasta vertimiento de sustancias tóxicas en Damas 955. 

«Ellos mismos pusieron el tono por donde se iba a desarrollar todo lo que pasó, que es justamente un tono de violencia», dice. «Nosotros fuimos llevados hacia un extremo y lo único que hicimos fue responder con dignidad, desde un poder que parece chiquito, que es el poder del cuerpo de un grupo de personas, de una comunidad emergente que se encierra en un sitio y genera un espacio».

La represión digital

A partir del acuartelamiento, Ramos vio también un incremento de la represión digital contra ella y el resto de miembros del MSI. No solo sufrieron cortes de líneas telefónicas, algo que venían enfrentando desde antes. También debieron lidiar con la represión directa de Etecsa, la única empresa de telecomunicaciones del país y principal brazo tecnológico del régimen. 

«Recuerdo que Etecsa puso un carro en la fachada de la casa», cuenta. «Yo les pregunté qué estaban haciendo y me dijeron que había unos problemas en el barrio. Después nos dimos cuenta que habían puesto un inhibidor de señales. Por eso era que cuando nos alejábamos de la puerta de entrada, el internet estaba un poco mejor».

El 26 de noviembre el régimen cortó temporalmente el acceso a Internet en todo el país justo cuando varios de sus agentes se disponían a desalojar forzosamente a los acuartelados. Pese a las denuncias internacionales, esta es una práctica cada vez más recurrente en eventos represivos locales. 

«[El apagón de Internet que vino con el desalojo de Damas 955] fue como un ensayo de lo que hicieron después del 11 de julio, de lo que hacen cada vez que hay una protesta en algún lugar», dice Ramos. «Ellos se dieron cuenta de que eso —el atestiguamiento de la represión— puede generar un movimiento encadenado de protestas». 

Entre el fin del acuartelamiento y su salida de Cuba en enero de 2021, Ramos siguió siendo vigilada. También sufrió detenciones domiciliarias arbitrarias y constantes cortes de Internet, dirigidos a silenciar sus denuncias. Sin embargo, recuerda que la misma Seguridad del Estado le restauraba a veces la conexión para que pudiera continuar sus estudios de Doctorado en la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México —iniciados a distancia por la pandemia de covid-19— y, eventualmente, abandonar el país. 

«Ellos estaban interesados en que yo no dejara el Doctorado, porque sabían que en algún punto iba a tener que salir de Cuba para continuarlo de manera presencial», dice. «Cada vez que me cortaban el internet, yo llamaba al de la SE y ellos me lo ponían. Una  prueba rotunda de que tienen el control absoluto sobre eso. Y así mismo sucede con las multas. A mí me pusieron como dos en todos esos meses. Una la rompí en la estación el día que me la dieron y dije que no iba a pagarla. Ellos insistían en que “si no pagas, no te vas”. Pero cuando llegué a la Aduana no debía nada. Ellos controlan todo».

Activismo desde el destierro

Desde su salida de Cuba a inicios de 2021, Ramos no ha abandonado el activismo político, pese a las amenazas que ha seguido recibiendo desde perfiles anónimos. Durante todo este tiempo, ha utilizado activamente las redes sociales para informar sobre la situación legal y de salud de Otero Alcántara y Maykel Osorbo, encarcelados desde hace meses, así como de otros presos políticos. También ha participado en manifestaciones anticastristas y de boicot contra compañías extranjeras que mantienen negocios con el régimen. Tras su destierro, denunció ampliamente la arbitrariedad del régimen y responsabilizó a la línea aérea estadounidense American Airlines de ser su cómplice, por negarle desde Estados Unidos el derecho a regresar a Cuba.  

Y aunque en Cuba queda mucho camino por recorrer en términos de derechos humanos, lo cierto es que su trabajo y el de otros activistas ha empezado a dar frutos. Las protestas populares de los últimos meses, en especial las del 11J, son el mejor ejemplo de ello. De ahí que Ramos no ceje en su empeño de seguir luchando por la democratización de la isla. «[Con el acuartelamiento del MSI] no conseguimos sacar a Denis de la cárcel, pero se consiguieron muchas otras cosas».

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