En Cualquier Esquina: literatura y activismo en las calles en Miami

 

Foto: Yenier Martínez Carrillo

El 7 de diciembre de 1990, el escritor Reinaldo Arenas ponía punto final al que sería su último texto: una carta de despedida dirigida a sus amigos cercanos y que fue publicada en el Diario de las Américas. “Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza”, escribía. “Cuba será libre. Yo ya lo soy”.

Treinta y un años más tarde, el 7 de diciembre de 2021, un grupo de cubanos se reúne en Miami para hacer un homenaje a Arenas. Es una acción de protesta por la situación actual del país y es un club de lectura. La idea nació unos pocos días antes, durante la Feria del Libro de Miami. A Laura Marrero y Alaina Baró se les ocurrió un gesto sencillo: tirarse en cualquier esquina; luego leer en voz alta textos importantes para ellas. Del gesto salió un nombre: “En cualquier esquina”. Desde entonces, lo hacen dos veces al mes.

A veces son cinco personas o seis o quince. Pero casi siempre están, junto a Laura y Alaina, Eliany Hernández y Adalixis Almaguer, quien sacó un cartel en el que se leía “Díaz-Canel Singao” en el juego de béisbol de Cuba y Venezuela perteneciente al Torneo Preolímpico de las Américas, y celebrado el 31 de mayo de 2021 en The Ballpark of the Palm Beaches, Florida. Adalixis nació en el interior de la provincia de Holguín y fue a vivir a Estados Unidos en 2004. Estudió Periodismo en la Universidad de Oriente y trabajó en emisoras de radio. “Desperté por los libros”, dijo una vez. “Comencé a leer con avidez a los siete años y no paré y no podía entender que me habían enseñado a leer para luego prohibirme los libros. Esa duda me abrió los ojos. ¿Qué libros tenía prohibido leer? ¿Por qué?”

Muchas de sus reuniones están acompañadas de actos simbólicos. En la primera encendieron velas en honor de Arenas y lanzaron barquitos de papel escritos con poesía al agua. En otra, hicieron un performance de teatro experimental inspirado en textos de Anaïs Nin, Ángel Escobar y Severo Sarduy. En uno de sus últimos encuentros, leen cosas de Laura Esquivel, Mario Vargas Llosa y Wendy Guerra sentadas en un café de la ciudad de Miami. Son obras de autores diferentes, pero que cuentan una historia común al lugar y al tema del día: amor y comida.

Para Alaina Baró, la relación con su país está mediada por el dolor. “Abrazaré tus cristales, /hasta que dejemos de sangrar juntas. /Porque Cuba, tú me dueles más cuando empiezas a dejar de dolerme”. El martirio personal que conecta con el “prohibido olvidar”, quizá una forma de estar presente estando lejos, en un lugar —Miami— tan parecido, pero que no es.

Y allí han logrado tejer vías de apoyo que las han llevado a tirarse en cualquier esquina con la escritora Legna Rodríguez Iglesias, a que el escritor Carlos Manuel Álvarez les firme ejemplares para regalar o que el podcast del escritor cubano Tomás Castellanos colabore con su proyecto.

Leer como forma de protesta

La literatura, junto al arte, se ha convertido en una de las principales formas de expresar el disenso y la oposición en Cuba. El 25 de noviembre de 2020, dos días antes de la primera de las protestas frente al Ministerio de Cultura (27N), en el Muelle de la Luz, frente a la iglesia de Paula, varios artistas e intelectuales se reunieron para hacer una vigilia poética en solidaridad con los acuartelados de San Isidro. Un hecho similar, pero en la iglesia de la Merced, llevó a una de las tantas detenciones de la curadora de arte Carolina Barrero y de la filóloga Sindy Rivery

La articulación de pequeños grupos de acción integrados desde el espacio literario ya no pertenece solo a la isla, sino que se ha expandido unas cuantas millas al norte. El procedimiento que sigue el proyecto de estas mujeres es el mismo. Esto reafirma la condición pacífica de ese activismo. Es decir: no solo voy a estar sentado, voy a estar sentado leyendo poesía. Las manifestaciones frente al Ministerio de Cultura, el 27N y el 27 de enero, resaltaron por la lectura de poemas y de parte de la obra lírica de José Martí.

Laura Marrero considera que su idea de patria comienza precisamente con uno de los tomos de las Obras Completas del Apóstol. En varios de los encuentros de En cualquier esquina se lee a Martí. El 28 de enero celebraron el nacimiento de quien las une en “extranjero suelo”, como ellas mismas dicen. Un símbolo reclamado por muchas personas, también, como forma de resistencia. 

El día 23 de marzo, cuando en su encuentro leyeron el ensayo El Presidio Político en Cuba, recordaron que el 17 se hicieron públicas las sentencias por las manifestaciones en Toyo y la Güinera. Las condenas oscilaron entre los 6 y los 30 años de cárcel. Casi 2000 años si sumamos el castigo de todos los manifestantes. “La literatura no es suficiente, pero es lo poco que tenemos desde este lado”, reconocieron. “Acompañemos a nuestros presos políticos en su dolor”.

Es una idea que han tratado de mantener en sus pocos meses de existencia: ponerle rostro a cada nombre de una lista demasiado extensa. Darle ese nombre a una persona para que lo conozca. Acompañar económicamente a los familiares de los presos con el proyecto Hasta que seas libre.

Medicinas, juguetes, caramelos, una fiesta de cumpleaños. El primer intento de Hasta que seas libre estuvo centrado en los hijos de quienes están tras las rejas. Trata de conformar una red de apoyo que colabore materialmente con gente que, en muchos casos, se ha visto desprovista de su principal sostén económico. Con esto, En cualquier esquina trata de hacer real la ayuda, más allá de lo cercano de la poesía. “Que la literatura sea nuestra venganza”, escribe Adalixis, “y que nos acompañe en el camino de la libertad”.

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