Crazyman y el Gato, o cómo contar Cuba desde las redes sociales

Estoy puesto: maullido de Gato

Antes de volverse el Gato de Cuba, Yoandi Montiel era solo un habanero más que descargaba sus problemas del día en internet. En verdad, solo eso sigue haciendo, aunque ahora cuente con decenas y hasta cientos de miles de personas que le siguen.

En el programa de la televisión A Fondo, de la cadena televisiva América Tevé, el periodista Juan Manuel Cao entrevistó al Gato. En el programa, el entrevistado figuraba como un humorista que alcanzó cierta popularidad gracias a sus críticas mordaces al Gobierno cubano.  Sin embargo, el Gato está lejos de ser un humorista profesional, ni siquiera es un tipo gracioso que busca la fama. “La fama”, en verdad, le llegó imprevista y, hasta ahora, poco o nada ha cambiado en él.

-Yo no sé qué fama tengo yo. Yo lo que sé es que la gente me llama como si fuera famoso, y yo lo único que hago es hablar mi mierda por internet.- contestó el Gato en la videoentrevista.

La respuesta desconcertó un poco al entrevistador. Aun así no se apartó de su guión estándar, que hubiese resultado exitoso con cualquiera, menos con el Gato. Cao le preguntó entonces cómo elaboraba su discurso desde el humor y el lenguaje popular.

-Yo solo estoy hablando en vivo. Yo no estoy en na’.- se limitó a contestar el Gato.

-¿Y por qué siempre hablas acostado en tu cama?-

-Na’, es que las ideas me vienen mejor en posición horizontal.

 El nombre de Gato le vino a Yoandi de sus ojos azules y felinos, a los que suele acercar la cámara cuando utiliza el recurso de la ironía. Por lo demás, es identificable por las frases, “Estoy puesto”, “Se te fue Van Van” y “Están apretando”, expresiones del argot popular que en su voz toma un sentido muy particular pero indefinido hasta para él mismo.

El Gato es un cronista popular, tanto como pudiera serlo cualquier cubano entre botellas de ron y una mesa de dominó, solo que por ese ambiente prefiere su cama, o “su estudio”, que es como gusta llamarle. Comenzó su carrera de influencer – “funfuénser”, para él- en Facebook, hablando lo mismo del transporte que de los precios del agro, o de la última vez que comió helado en Coppelia. Su éxito fue instantáneo. Alguien debió decirle que mejor era hacerse youtuber, por lo cual comenzó a colgar sus videos en esta otra red social, donde ya alcanza los 60.400 suscriptores. Para alguien que se autodefine como un “vago” y un “hablador de mierda”, ser youtuber viene a ser todo un triunfo profesional.

El éxito del Gato llegó lejos, específicamente a Miami, donde se le considera un miembro ocasional –no presencial- de programas televisivos como El Show de Carlucho. Incluso, tiene allá una especie de contraparte que se hace llamar “el Felino de Miami”. Para muchos cubanos residentes en Estados Unidos, el Gato ha venido a ser una suerte de anclaje que les recuerda cuán “jodida está la cosa” en la Isla, y también ese agrio sentido del humor con el que su habitantes enfrentan las desgracias.

Gracias a sus seguidores el Gato ha logrado lucrar con sus videos. Mientras habla le llegan mensajes y recibos de dinero que él agradece. A veces son tantos y tan seguidos, que pide disculpas por no poder mencionarlos a todos en la directa. De El Show de Carlucho también recibe sus prebendas, ya sea un celular nuevo o recargas telefónicas para pagar el internet.

Al Gato le encantó le encantó “Patria y Vida”. Según él se trata de “un temazo” hecho por “artistas con tremendo flow”. Con la canción, sin embargo, le dio un sentido más político a su discurso. Sus comentarios hilarantes sobre las colas del pollo, las tarifas de ETECSA, los sobrecumplimientos de producción agropecuaria que solo existen en la televisión cubana y el espacio televisivo del conductor oficialista Humberto López, se volvieron más serios y enfocados en temas como la represión del régimen sobre grupos opositores y activistas.

-Yo sé que a Youtube no le gusta que me quite la camisa y eso. Pero esto es lo que hay: Patria y Vida. ¡Yo sí estoy puesto!- dijo frente a la cámara de su móvil, revelando un “Patria y Vida” escrito sobre su pecho y su vientre. Los órganos de la Seguridad del Estado no tardaron en enviarle una citación.

-Si yo no puedo transmitir hoy a las 10 por Youtube es por esto. Ando citado por el Capitán Alfredo… Alfredito.- dijo en una directa mañanera, mientras mostraba a la cámara el trozo de papel que le habían hecho llegar.


 

Ese día, como siempre, el Gato pudo hablarle a su preocupado público. La gente le pedía que contara su encuentro con la policía política cubana, a lo que él accedió gustoso. Su versión casi satírica de los hechos resulta creíble. Ni siquiera un interrogatorio policial puede ser tomado en serio si se involucra la ocurrente figura del Gato.

Me pidieron pinchar con ellos (…) Esa gente está muy mal si quiere a tipos como yo. Me dijeron: “necesitamos un hombre como tú para que trabaje con nosotros” (…) Después me sacaron trapos sucios (…) pero yo les dije: “Aquí lo que hay es hambre, y el hambre supera el miedo”.

La Seguridad del Estado hace bien en querer en sus filas a un hombre como el Gato, antes de dejarlo seguir con sus precarios pero populares videos. Siempre es peligroso alguien con geniales ideas como solucionar el problema del transporte en Cuba pintando de amarillo las patrullas y empleando de taxistas a los policías.

Crazyman, un hombre cuerdo

“Este tipo me encanta. Tiene un carisma y una luz y una verdad que no las para nadie. Disfrútenlo”, dijo de Aristey (Ari) Guibert, con toda razón, el humorista Alexis Valdés.

Ari Guibert no es humorista, pero puede ser un tipo muy simpático.  No es sociólogo, pero tiene el don de comprender como pocos la complejidad de su país. Tampoco es periodista, pero sabe rebuscar entre las heridas de su Santiago de Cuba natal hasta encontrar un tema o una historia que valga la pena contar. Quizás la más significativa de estas historias sea la suya.

El racismo sistémico y las leyes absurdas y arbitrarias del régimen cubano marcaron la vida de Ari Guibert. Apenas con 9 años fue golpeado solo por mascar chicle. El policía que le propinó los golpes, sin embargo, no veía un chicle, sino un producto enajenante y subversivo del imperialismo que debía ser combatido, aún si debía arrancar dientes de cuajo para llegar a él. Además de la golpiza, Aris Guibert fue castigado, y poco faltó para que le mandaran a una escuela de conducta.

 
 

Pocos años después, un español decidió regalarle un dólar. Perdido entre las calles santiagueras, el turista le había pedido que le llevara a la Casa de la Trova, y como agradecimiento le entregó un simple billete. Aceptarlo le costó un año de cárcel en la prisión de Boniato. Para cuando salió, Aris Guibert aún no cumplía 20 años.

En la prisión inició su carrera en la música, para lo cual adoptó el nombre de Crazyman. Sus gustos musicales se movían entre el rap y el regué. Esa mezcla, explosiva y caribeña, dio paso al reguetón primitivo, de compases suaves y con temática social que llegó a Santiago de Cuba mucho antes que a La Habana.

Al ser un joven negro, pobre y ex presidiario, tuvo que cargar con el estigma del delincuente, del paria sin derecho a redención ni a presunción de inocencia. Crazyman, el rapero/reguetonero, le ayudó entonces a mantener cierta distancia del Aristey Guibert que esperaban de él. La música, podría decirse, le salvó.

Las instituciones culturales, sin embargo, optaron por marginarlo. En parte, desde absurdas posturas elitistas, y también desde lo políticamente incómodas que les resultaban las letras de Crazyman. Fue cuando percibió que le cerraron las puertas y “troncharon” su carrera que Ari Guibert descubrió Facebook Live.

No hay una Cuba, por eso es preciso que varias voces la cuenten. Ari, por ejemplo, se ha dado a la tarea de explicar ese universo complejo y a veces olvidado que es Santiago de Cuba, pasándolo por los filtros de su claridad de pensamiento,  de la sabiduría de quien ha vivido con los pies sobre la tierra y también de sus experiencias más tristes. No mantiene vínculos con grupos opositores, ni siquiera se declara abiertamente un activista político. Crazyman es, como le gusta decir, un hombre que dice lo que piensa.

El martes 27 de octubre de 2020, bajo el sistema de restricciones impuesto a partir de la pandemia de la Covid-19, Ari fue detenido mientras escuchaba música en la calle. En el momento del arresto no llevaba sus documentos de identificación encima. Fue liberado dos días después, con la obligación de pagar una multa de 1.500 CUP. Aquel hubiese parecido un arresto más de los que suceden todo el tiempo en la Isla, de no ser porque, al llegar a la unidad de policías, Ari fue interrogado por agentes de la Seguridad del Estado que le acusaron de “terrorista” y “vende patria”.

El 4 de marzo de 2021 volvieron a apresarle e imponerle una multa, esta vez de 5.000 CUP, por el supuesto delito de “propagación de epidemias”.  En la unidad de policías, otra vez, la Seguridad del Estado le reveló el verdadero motivo de la detención. Le acusaron de pintar carteles contra el Gobierno, pero él negó su autoría. Si quienes le hostigan continuamente lo conocieran mejor, sabrían que Ari Guibert no necesita de carteles anónimos para expresarse, sino que le bastan un teléfono inteligente y conexión a Internet para arremeter con el régimen cubano de frente, sin medias tintas.

-¿Hasta cuándo el cubano va a seguir recibiendo migajas? ¿Cuándo vamos a exigir que esté todo en su lugar y que [quienes gobiernan] se acaben de largar? ¿Cuándo va a ser el día en que nos llamemos a capítulo como pueblo y vamos a decir basta?- dijo en una directa, el 2 de enero de 2021.

Podría decirse que estas preguntas resumen las ideas políticas de Ari Guibert. No son complejas, enrevesadas ni académicas. Tampoco necesitan serlo. Las palabras de Ari, tanto como el rap de Crazyman, son disparos de sentido, verdades imparables, críticas certeras que no se esconden en eufemismos. Tal vez por eso le dolió tanto cuando supo de la participación de la también rapera santiaguera Yisi Calibre, en el nefasto tema “Patria o Muerte por la Vida”.

-El rap no es eso, Yisi. El rap no es ser sumiso. Es guerra, es letra, es protesta. No se pone a favor de ningún régimen. Se pone a favor de la libertad.

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