Residente: entre ‘Breaking Bad’ y ‘breaking news’

Ilustración: Julio Llopiz-Casal

Hace mucho tiempo no tengo ningún interés en escuchar por voluntad propia la música de René Pérez Joglar (Residente). Cuando Calle 13 existía, dediqué muchas horas a oír sus discos. Mi gusto y entusiasmo por la banda llegó hasta el momento en que me empezaron a parecer repetitivos y aferrados a una fórmula musical y moralizante, pero sobre todo les saqué el pie después de ver y oír a Residente en una conferencia de prensa que brindó en Casa de las Américas (2010) como parte del programa de actividades por el concierto que ofrecería la agrupación ese año en La Habana. Me quedó muy claro aquella vez que Calle 13 era un proyecto musical con gran fuerza y fanaticada, pero signado esencialmente por el ego evangelista de su vocalista principal: obsesionado con ser pop, políticamente correcto y celebridad al mismo tiempo.

No es para nada extraño que en Las letras ya no importan, el nuevo álbum de Residente, haya una colaboración con Al2 El Aldeano. No tenía intención de escuchar nada del álbum por voluntad propia, pero como se trata de un tema con un rapero cubano hice la excepción. 

Al2 es actualmente uno de los mejores raperos que canta en español (considerado el mejor por muchos). Está en muy buen momento de su carrera musical y los protocolos de la industria seguramente recomiendan que algo así suceda. Ambos, Residente y Al2, se benefician con esta colaboración: el primero porque aprovecha el caché de hacer dúo con un talento en ascenso en el momento en que su propia carrera artística está en el otoño, y el segundo porque la visibilidad y prestigio del primero lo potencian aún más y lo benefician. Lo triste de esta colaboración, para mí, es que las potencialidades de la dupla se diluyeron en la publicación de un track insípido y panfletario.

La música de En talla (nombre del tema en cuestión) es aburrida. Está bastante bien calibrado musicalmente, pero es demasiado turístico y manido. Si tenemos en cuenta que se trata de un tema musical que pretende en toda su letra ser de denuncia política, creo que desaprovecha esto completamente desde ese punto de vista. Se trata de una sonoridad que recuerda al Chan Chan de Compay Segundo de principio a fin, pero en vez de narrar peripecias amorosas en un ambiente más o menos bucólico ―como en el caso del tema de Compay Segundo― es un grito de lucha que suena como en voz de una persona acatarrada y afónica. Debió sonar con más carácter, pero desgraciadamente es un canto rabioso demasiado sutil, demasiado constreñido, al que la sutileza lo hace sonar más como nana para bebé que como grito de resistencia.

Oír el tema me hizo recordar el día de la conferencia de prensa en Casa de las Américas. Aquello empezó con dos horas de retraso porque el cantante estaba en la oficina de Roberto Fernández Retamar para ser agasajado por las esposas de dos de los Cinco Espías, como se supo después por las fotos publicadas en la prensa oficial.

Calle 13 con los familiares de los cinco espías cubanos Foto: Enrique de la Osa/ Reuters.

Aquel día una de las cosas más interesantes que sucedieron fue que en un momento de la conferencia alguien en el público preguntó a Residente lo que muchos estaban esperando: “¿Qué sabes sobre música urbana hecha en Cuba?”. Hasta el momento de la pregunta eran incontables las veces que el boricua había empleado la expresión “música urbana” y su valor en las luchas de los más desfavorecidos. La sorpresa fue que, después de un demasiado alargado preámbulo para responder, el nombre que mencionó fue el de Silvio Rodríguez como representante de la música urbana hecha en la Isla. A pesar de la respuesta lo siguieron pinchando desde el público; fue ahí solamente que mencionó a Los Aldeanos.

En uno de los momentos del tema, Residente dice: “En mi país no hay dictadura porque no tenemos ni presidente”. Esta es una idea que, en abstracto, puede producir cosquilla intelectual a la audiencia que se interesa en mirar el mundo desde la óptica de que el mal ―y los términos que se suelen asociar con el mal― como “dictadura” no son exclusivos para referirse a ninguna ideología o sistema político específicos. Lo que sucede con esta frase es que, además de ser maniquea e inexacta, es pedante. 

En Puerto Rico no impera una dictadura no porque no haya “ni presidente”, sino porque a pesar de la condición de Estado Libre Asociado (con todo lo plausible que pueda haber en afirmar que ni es estado, ni es libre ni asociado) en Puerto Rico los ciudadanos no están atados de pies y manos como en los contextos dictatoriales al uso (Cuba, por ejemplo). Los puertorriqueños viven una realidad política muy complicada. El abuso legal, la ineficiente gestión gubernamental, los altísimos niveles de corrupción y el despectivo mandato de la Casa Blanca, hacen del país un lugar peligroso, para los simples ciudadanos que no se meten en política y para los que sí. Pero se trata también de un país lleno de activistas de todo tipo, con una sociedad civil consciente y organizada a pesar de la tanta apatía que impera ahí, que echa su pelea con el poder por desigual que sea. Por supuesto que no se trata de una dictadura.

El videoclip de El apagón, tema del disco Un verano sin ti (2022), de Bad Bunny, incluyó, después de la canción, un reportaje documental realizado por la periodista boricua Bianca Graulau, llamado El apagón – Aquí vive gente. En el material audiovisual hay denuncias severas y bien documentadas sobre la privatización eléctrica en el país, el expolio de bienes públicos

y las protestas ciudadanas por la gentrificación. Cosas como estas suceden, efectivamente, porque en ese país caribeño no impera una dictadura, pero la ausencia de dictadura no tiene que ver con que no haya presidente, sino con que sea un lugar en el que la gente dispone de herramientas para expresarse que no pueden ser del todo limitadas por el poder, aunque este quiera, porque ese mismo poder no puede ningunear de modo absoluto las leyes, la sinergia y la cooperación cívica que le permite a los borinqueños echar esa pelea, que es desigual pero posible. Nada demuestra mejor que esto es real y no relativo que la expulsión ciudadana de Ricardo Roselló de su puesto de gobernador en 2019. De hecho, Residente fue de los artistas que se implicó activamente en esta protesta

Una de las cosas más tristes que tiene En talla es que los siguientes versos salen de la boca de Al2: “Todo’ los gobiernos son lo mismo / Tanta corrupción no hay quien la frene / A no ser que el pueblo saque el corazón / Y el coraje que hay en su ADN”. Aunque de manera general puedo entender la lógica emocional y de pensamiento que reside tras esa afirmación, hay una inexactitud puntual en la afirmación de que todos los gobiernos son los mismos: No es verdad que haya per se un sistema político ideal para la vida en sociedad. No es verdad que haya un modo de gobierno preferible a otro más allá de la apreciación personal que tenga cada cual: la democracia consiste precisamente en que rija lo que considere un número mayor de la población de un lugar, independientemente de que estos procesos estén atravesados por la hipocresía, la trampa, la manipulación y la corrupción. Pero tampoco es verdad que todos los gobiernos son iguales: no es lo mismo una pelea entre alguien que tiene una espada y otro que tiene un cuchillo de mesa que una pelea entre alguien con una espada y las manos  libres y otro con un cuchillo de mesa y las muñecas amarradas con una soga. El 11J el pueblo cubano dio la muestra de valor más grande desde 1959, y hoy, con más de 1.000 presos políticos, Cuba está devastada porque el Partido Comunista tiene demasiado poder, demasiada complicidad con otros regímenes y demasiada impunidad… no porque el coraje que hay en su ADN sea falso. El miedo en Cuba ha ganado siempre, por desgracia. 

Si todos los gobiernos fueran iguales, Al2 no hubiera podido impulsar su carrera como lo ha hecho desde Estados Unidos, y su carrera se hubiera parecido más a como fue en Cuba… La diferencia es abismal. Si todos los gobiernos fueran iguales Los Aldeanos no hubieran tenido que depender de una representante española para que su música tuviera más alcance fuera de la Isla en los años en que el acceso a internet era un lujo. De hecho, si todos los gobiernos fueran iguales, Calle 13 no hubiera existido más que como un rumor underground en Puerto Rico y jamás hubiera ganado más de 20 premios Grammy y Latin Grammy en sus 10 años de existencia (2004-2014). Todos esos premios pudieron ir a recibirlos en la ceremonia, contrario a Maykel Osorbo que se encuentra en prisión condenado a nueve años de privación de libertad, casi la misma cantidad de años de vida que tuvo Calle 13.

René Pérez Joglar, Residente, es un artista variopinto que ha sabido conducir muy bien su carrera. Tiene una audiencia fiel, que es de las mejores cosas que le pueden pasar a cualquier artista. Fue parte fundamental de la banda Calle 13, que “escribió” algunas de las páginas más importantes de la historia de la música latinoamericana y universal. En solitario ha grabado dos álbumes de estudio además de los cinco con Calle 13. Con sus recursos, muy bien ganados, se ha pagado estudios de cine, ha fundado una marca que vende accesorios, cerveza, y ha apostado por invertir en una fulgurante carrera como filántropo. Sus biografías lo presentan como rapero, compositor y productor musical. Tiene una filmografía que incluye seis títulos. Es lo que se llama un hombre de éxito. 

Se ha visto envuelto en numerosas polémicas y controversias: en la industria musical, al interior de la cultura urbana de su país de origen y en la política. En este sentido, no ha logrado que su prestigio creativo lo libre de numerosas contradicciones discursivas que han provocado la decepción en una parte de su audiencia, la cual ha preferido dejar de seguirlo. Le dedica una energía impresionante a cuestionar la moral de otros, sobre todo la moral política, cuando tiene a su haber una tremenda galería de imágenes en que se le ve haciendo lobby con políticos nefastos y autoritarios de todo el continente americano. Pero considero que entre todo esto lo que más perjudica su condición artística es su obsesión con dar señales de vitalidad que a su edad y con su trayectoria es imposible que dé. 

Es como si quisiera ser a la vez artista, activista, negociante y joven nuevamente. Esto último lo tiene bien difícil, porque se puede ser juvenil pero no si se envejece mal. No se puede lanzar piedras constantemente con techo de vidrio. Creo que por eso grabó En talla, convocó a Al2 y ambos acabaron dando una muestra de disciplina que pretende parecer algo contestatario y de la pretensión no pasa. 

Da la impresión de que ese pájaro al que se refiere Residente en la letra, del cual Cuba y Puerto Rico son sus dos alas, es un pollo que sueña con ser gavilán. Ojalá la vida siga y haya lugar para la reivindicación.               

 

(La Habana, 1984) Artista visual y diseñador gráfico. Su obra abarca el trabajo con casetes VHS, disquetes, memorias, olvidos, basura y juegos tipográficos incendiarios. El Cranbrook Art Museum de Detroit tiene dos piezas suyas en su colección. Ha publicado textos y hecho entrevistas para Hypermedia Magazine, El Estornudo y YucaByte, donde también realiza ilustraciones.
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Un pensamiento en “Residente: entre ‘Breaking Bad’ y ‘breaking news’

  1. Julio. Llevo 30 años viviendo en PR y tu escrito será una referencia para tratar en el constante diálogo que mantengo con mis hijos, nacidos acá, sobre estos temas.
    Gracias. JP

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