No crean que, porque estoy afuera, en El Yuma, estoy mejor

Ilustración: Carmen Barruecos

Anoche tuve un sueño que parecía sacado de una película de Buñuel. Estaba sentado en un ómnibus, de esos que venían de la antigua Unión Soviética, y me rodeaba un grupo de cubanos (algunos conocidos y otros no). 

Todos íbamos a participar en un evento. En el sueño estábamos en Cuba, pero no era Cuba, es decir, era Cuba como si fuera un país normal.

Poco a poco, mientras la guagua en la ensoñación avanza, me doy cuenta de que estamos yendo a una actividad.

El ómnibus nos deja en un teatro inmenso y arreglado, con cortinas de Corea del Norte y unos soldados en las puertas. Entramos, una muchacha de uniforme nos conduce a los asientos, y nos sentamos más o menos igual que en la guagua. En el mismo orden. La señora que iba tan contenta a mi lado, ahora seguía a mi derecha super expectante.

Todos miramos hacia el escenario y, como ratones de laboratorio que saben en qué momento reaccionar, aplaudimos cuando bajan las luces, nos reímos cuando hay que reírse, nos emocionamos y lloramos cuando dicen algo para que nos emocionemos y lloremos. 

Todos obedientes.

En el escenario lo que hay es el drama de una campesina soviética que no tiene ningún problema para que su tierra dé las mejores papas del país, y que se enamora de un soldado que va a defender la patria de los enemigos.

Se acaba la obra y todos salimos llorando. 

Nos montamos en el bus y nos vamos a otra actividad. La cuestión es esa, en el sueño, nadie se va a su casa a descansar, nadie se puede quitar la máscara; todos tenemos que estar dispuestos a reaccionar como el conductor del bus quiere que reaccionemos. 

De esta actividad vamos para otra y de esa otra para otra y así nos mantienen entretenidos; y nosotros creyendo que reímos cuando queremos reír. 

No nos imaginamos por nada del mundo que todo está planificado y nuestro papel es ese: oveja de corral que sigue a la oveja que va delante. Ninguna oveja se sale del guion. No. 

Ahora estoy en el asiento, sonriendo, esperando a ver la próxima actividad que nos espera. La señora que tengo a la derecha me mira y me dice: “¡Qué fuerte el drama de la campesina! ¡Esta obra sí estuvo fuerte!”. Y seguimos, como si nada, para la próxima actividad.

Me despierto y me paso un rato tratando de entender de qué va el sueño.

Trato de pensar para atrás, a ver qué me ha pasado estos últimos días para llegar al meollo del significado de todo esto.

Las noticias y las redes sociales me están haciendo mucho daño.

Mi internet me muestra a un grupo de actrices cubanas, arregladas, maquilladas, que siguen en la Isla y van de una actividad a otra como si Cuba fuera un país normal. Hacen un reto y bailan para los usuarios, hacen otro reto y hablan de lo rico que están los quesos en tal lugar que tiene vista al mar y donde el plato solo cuesta 4.500 pesos. Andan de allá para acá en mi pantallita, como si fueran lo más cool del mundo.

A veces me pregunto si esta gente sabe que hay mucha gente presa, que los cubanos han tenido que cruzar las fronteras arriesgando la vida. ¿Sabrán que el salario no alcanza para comer? ¿Pensarán en sus profesoras de primaria? ¿Cómo comen las profesoras de la escuela Hermanas Giralt? Porque yo no sé.

Mi internet también me muestra a varios artistas que están en un evento. Sentados en sus asientos, como yo en mi sueño, aplauden y aplauden y se emocionan ante un discurso de una persona que vive mucho mejor que ellos y que no parece tener ninguna empatía ni interés en ayudar al pueblo de a pie. La gente aplaude y aplaude y yo me pregunto: ¿Entenderán lo que les han dicho? ¿Entenderán que va en contra de ellos lo que se ha propuesto?

Otro grupo de cubanos está en una actividad en el interior del país (mi internet no deja de enseñarme cosas). Estos cubanos ―algunos son amigos o conocidos― están sentados en un lugar que está a punto del derrumbe. Las paredes están descascaradas y se ve la humedad corroyendo todo. Las columnas se pueden caer y las ventanas son solo rejas, porque la madera desapareció hace mucho. Cansados de 64 años de teque, ojerosos y delgados, miran hacia el frente al expositor.

El simposio se llama “La importancia de la manchita verde en el ala derecha de la mariposa Graellsia isabellae”.

La gente del público se ve cansada, pero así y todo hay algo de dignidad: ¡Se está haciendo el evento! Me imagino al final a todo el mundo corriendo para el bufet y diciendo “quedó muy fino todo”.

Uno de los invitados sube una foto de un hueso… Eso es lo que están dando. Pero, ojito, sube la foto feliz, no es que se esté quejando: él está feliz de su hueso.

¡El evento se está dando! Lo dicen como si fuera un logro, pero no me queda claro:, ¿es un logro porque el enemigo son los gobernantes? ¿O porque el enemigo es el terrible imperialismo yanqui que está muy preocupado por los eventos y los simposios que se están haciendo en la Isla? 

¡El evento se está dando!

No puedo dejar de pensar en todo esto y lo primero que me viene a la cabeza son preguntas: ¿Cómo come esta gente? ¿Cómo vive? En mis últimos años en la Isla yo estaba sin encontrar la manera de mantenerme o ayudar a mi madre.

Lo segundo que me viene a la mente es que mi “yo” de hace años hubiera pensado que este es un texto horrible, fascista y pagado por el enemigo… y dejaría de leerlo y se aferraría mucho más a sus convicciones. 

¿Qué convicciones? ¿Palabras huecas? Si hay abuelos y abuelas que están comiendo de la basura, ¿de qué están hablando en Cuba?

Quizá estar tan lejos de Cuba, sin recibir toda la información del Noticiero de Televisión, me tiene confundido. 

Quizá esta gente no está confundida y sí quiere seguir defendiendo el socialismo. Quizá no les queda de otra (aunque uno puede no montarse en la guagua, no ir).

Quizá el error sea de mi nuevo “yo”. No sé. Hay algo que se me escapa.

En un país que está bajo la guerra de los poderosos contra sus propios ciudadanos, en donde la nada gana espacio y los cuentos de hijos presos, muertos, accidentados, separados aumentan a diario, se me escapa el sonreír y las ganas de participar de toda esa gente que aparece en mi pantalla.

No crean que, porque estoy afuera, en El Yuma, estoy mejor. ¡No! ¡A todos nos jodieron! Pero, por eso, para poder volver a ser un poquito lo que era uno, necesito que Cuba cambie.

Lamentablemente no veo muchas señales de ese cambio.

Seguro que el que está mal soy yo y lo que hay que hacer es sumarse a la simulación. Hacer, todos, como que estamos en un país normal.

Si es así, propongo: Debemos hacer un evento culinario sobre la importancia del queso Feta en la cocina mediterránea. Se puede hacer un simposio en Camagüey sobre reparación y construcción de embarcaciones de recreo. ¿Qué proceso lleva el trabajo de las rocas en las construcciones del Segundo Frente? (tesis de postgrado).

Y así puedo seguir… pero aporten, aporten. No se queden callados. No aplaudan. No asientan. Total, si Cuba está rica y Marianao es pa gozar.

Carlos Lechuga (1983) Director de cine y escritor. Dirigió Vicenta B., Generación, Santa y Andrés y Melaza.Escribió En brazos de la mujer casada y Ballena Tropical, su primera novela que verá la luz este 2023.
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Un pensamiento en “No crean que, porque estoy afuera, en El Yuma, estoy mejor

  1. Saludos soy cubana no muy estudiada pero con mucho deseos de ver a mi Cuba Libre de esta dictadura militar todo lo que escribiste me llegó muy profundo, espero que los jovenes lean este escrito.

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