Mariana Alom: “Espero que algún día podamos vivir en el país que nos robaron”

Comencé a hacerme una idea de lo que podría ser la libertad cuando conocí a Mariana. Fue a finales de 2019, cuando ambos empezamos a estudiar en la Escuela Nacional de Arte (ENA). Ya entonces ella era atrevida, valiente, arriesgada, vivía sin miedos, no conocía muchos límites; había cosas que la sacaban de quicio y tenía un temperamento fuerte. 

Para Mariana ser lento era como ser “un peo de culebra”, ser intenso era ser “una ladilla eléctrica en un culo mojao”, y había ciertas y determinadas cosas que ella no haría “jamás de los majases”. Sus novios y novias se hacían mis amigos inmediatamente. El primero que conocí era un joven muy particular que soñaba con matar a Fidel Castro. Quería ser el “nuevo héroe nacional”. Mariana conocía a mucha gente increíble.  

Cuando estábamos en el semestre de Teatro Cubano, trabajamos juntos en Lila, la mariposa, la obra de Rolando Ferrer. Ella interpretaba a Hortensia, la hermana solitaria y ermitaña de Lila y tía de Marino, el niño que soñaba con ser marinero, interpretado por mí. Por muchas razones, ese fue un semestre complicado para mí. Ahora recuerdo que en uno de los pocos lugares donde encontraba verdad era en los ojos de Mariana. 

Recuerdo vivamente el día del examen. En la escena final, Marino debía llorar mientras Hortensia le daba consuelo. Jamás le perdonaré a Mariana que limpiara de mi rostro la única lágrima que había conseguido para impresionar al jurado. 

Con Mariana entré por primera vez a un solar de La Habana Vieja y fui por primera vez (y luego otras tantas más) a Cojímar. Si cierro los ojos aún puedo sentir el olor a salitre de aquella casita atravesada de extremo a extremo por un pasillo largo que terminaba en la costa, y que estaba adornada con las fotografías de Cirenaica Moreira, en la que, muchas veces, la protagonista era su propia hija, Mariana. 

¿Quién es Mariana Alom?

―Soy una mujer que nació en La Habana Vieja, en el año 93, en un cuarto de solar que era el estudio de su abuelo. Y digo esto porque es importante saber de dónde una viene, del contexto, y de la familia que una tiene; una también es eso. 

Pienso que soy una mujer valiente, apasionada, y con poca paciencia para algunas cosas.

―¿Cómo llegas a la película Corazón azul, de Miguel Coyula?

―Una productora entró en contacto conmigo e hice casting. Yo no sabía de qué iba la película, la verdad ni pregunté. Yo solo quería trabajar, aunque no en cualquier cosa. Ya había visto Memorias del desarrollo y me parecía que Miguel era un director diferente y eso me gustaba. Aún lo pienso. 

Entonces fui a buscar mi escena, me la llevé a casa para estudiarla y en unos días fue el casting, en casa de Miguel. 

No me dieron el papel. Miguel dijo que mi rostro era muy fuerte, que no era lo que estaba buscando. 

Después de unos años, como dos, Lynn, su esposa, entró en contacto conmigo. Ellos tenían un papel para mí. Un papel pequeño, dijo Lynn, realmente una aparición, no había guion, ni casting. Iba a salir como de espaldas, como en un pasillo, dijo. 

Recuerdo que aquello no me agradó, yo tenía el ego por las nubes en aquella época, 19 años hardcore. Pensaba: ¿Pero cómo que de espaldas? ¡No tengo ni un texto! ¡Mi personaje no tiene un nombre! ¿Y cuánto es que me van a pagar? En fin….

Yo tenía un novio. Él habló conmigo. Mis novios y mis novias han sido muy importantes para mí. En general les recuerdo con mucho cariño. Ese en particular me recordó que ya yo había querido trabajar en esa película justamente porque el director me parecía diferente, y también me dijo que no era importante si podían pagarme mucho o poco, que lo importante era que lo hiciera si de verdad me gustaba. 

Entonces fui y filmamos la escena. El personaje de mi padre lo interpretaba Fernando Pérez. Fue muy lindo conocerlo. Además de ser un hombre de un trabajo admirable, sus ideas también lo son. La experiencia, en general, fue mágica. Me encantaba la energía de casa de Miguel, sobre todo porque vi a dos personas que durante 10 años vivieron para filmar una película. Cine independiente de verdad. Miguel y Mailyn (Lynn) lo hicieron todo: filmar, editar, dirección de fotografía, dirección de actores, luces, logística, producción, efectos especiales, animación, todo. Ellos fueron quedándose solos con el transcurso del tiempo. Fueron momentos únicos, maravillosos. Incluso el día que tuve que comerme como 200 guayabas, la pasé bien. 

Miguel es un director que no tiene para cuando acabar cuando comienza a filmar, él te quiere tomar de todos los ángulos, quiere filmarte cansada… Recuerdo que ese día de las guayabas me quedé dormida en el set, repetimos la escena millones de veces, era de madrugada.

También recuerdo que ese fue el día en que murió Fidel Castro, y nos enteramos porque la gente salió a la calle a gritarlo. No lo podíamos creer.

 ―Cuéntame un poquito de la historia de la película y de tu participación. Háblame de tu personaje…

―La historia de la película fue cambiando conforme a los actores fueron saliendo del proyecto. No sé cómo era la película en un inicio, solo sé que gracias a todos los imprevistos mi personaje tuvo una participación mayor. Y tampoco nunca me leí el guion, solo mis escenas, porque el guion cambiaba todo el tiempo por el motivo ya mencionado. 

Es una peli de ciencia ficción, con un trasfondo político fuerte. 

Mi personaje hace parte de un experimento. Un experimento de Fidel Castro. Ese discurso del “hombre nuevo”. Solo que este “hombre nuevo” era hecho en un laboratorio, modificando nuestras células. Algunos no salimos como él esperaba. Por ejemplo, a causa del experimento yo nací sin brazos; bueno, ahora que lo pienso tal vez él quería que naciéramos sin brazos, y sin cerebro tal vez. El caso es que me crecieron los brazos en la adolescencia y me convertí en una asesina. Asesina de personas obtusas, gente así como la gente del Partido, asesina de ellos mismos. Y me fui con una banda de anarquistas, experimentos que como yo “salieron mal” pero que desarrollaron ciertos poderes.

Eso me recuerda esa canción de [la banda] Porno para Ricardo que dice: “Mmatando al padre sabremos quiénes somos y a dónde iremos”. Por cierto, la banda sonora de Corazón azul es de Porno para Ricardo. 

Yo quisiera ver la película de nuevo; es larga y está llena de detalles. 

―Lo que me cuentas me parece una primicia increíble, y puedo entender por qué la película fue censurada en Cuba. ¿Qué significa para ti como actriz que uno de tus trabajos haya sido censurado en tu propio país?

―Bueno… es muy triste todo. Triste y ridículo, pero no me sorprende que haya sido así. Es lógico que una película como Corazón azul se censure en Cuba. Además, a Mailyn y a Miguel les hicieron la vida un yogurt durante el rodaje; de hecho, Mailyn está censurada en Cuba hace años. Lo bueno es que la película va a bastantes festivales internacionales y las personas que están en la Isla, y se han acercado para ver este trabajo, lo han podido hacer.

Nunca esperé algo diferente de un país donde existe un decreto que regula el arte. Ese Decreto-Ley 349 hizo oficial la censura. El arte independiente cubano se convirtió en una amenaza, ¿cómo puede ser? Por eso, y por muchas otras razones hay tantos cubanos obligados a emigrar. Me partían el corazón todas las personas que hicieron esa travesía de Nicaragua para llegar a EE.UU., porque hubo gente que no llegó. También me lleno de orgullo y respeto por los que sí lo consiguieron. Pero ese viaje me afecta tanto como la situación que hay hoy en la Isla: tanta gente pasando hambre, tantas familias rotas, profesionales separados de sus carreras. Me afecta que hayan tantos, pero tantos presos políticos. Es una vergüenza de país. Me afecta que haya una dictadura, eso es lo que realmente me afecta. 

Y la verdad, ni Corazón azul ni ninguna película independiente ni ningún artista independiente cubano que se respete, merece, merecemos, ni necesitamos que nuestros trabajos sean expuestos ante tales seborucos dictadores. Para mí es un honor que ninguna de esas bestias me haya visto actuar. 

―Cómo sientes tú que han influido las redes sociales en el trabajo de los actores y artistas cubanos?

―Hay quienes las aprovechan para divulgar su trabajo y hay quienes hacen demasiados bailecitos de TikTok. Y quiero hacer énfasis en algo: todo bien con los bailecitos, cada quien lleva la relación redes sociales y trabajo del modo que quiera, incluso hay algunos bailecitos y sobre todo esos doblajes que son muy graciosos. Pero, hay que tener tacto, pienso.

Recuerdo en 2021, cuando las cosas se pusieron más calientes en Cuba, me refiero a las protestas, hubo momentos muy feos, momentos realmente horribles. No sale de mi cabeza ese video del 11J con la calle Prado explotada en gente y los policías dando tonfazos a diestra y siniestra, y llevándose a todo el mundo. La imagen de aquel fotógrafo con la cara llena de sangre. O cuando entraron a una casa y le cayeron a tiros a un hombre ahí mismo en la sala y después se lo cargaron, y los gritos de aquella mujer. O cuando entraron a San Isidro [el 27 de noviembre de 2020] y se los llevaron [a más de una decena de artistas y activistas acuartelados], y nadie sabía para dónde, y cortaron el internet.

Para mí fue muy triste que en los momentos en los que el internet volvía me encontrara en Instagram un videíto de una actriz o un actor cubano haciendo un bailecito, o hablando de cualquier cosa aleatoria, o intentando vender una recarga. ¿Qué cosa es eso?

Pienso que toda persona con visibilidad debe concientizar que lleva consigo una responsabilidad social importante. Hubo algunos que sí lo hicieron. Hubo algunos que denunciaron, algunos pocos, poquísimos. Imagínate a cuántas personas pudieron llegar esos videos, cuántas personas pudieron sentir que a todos nos estaba pasando lo mismo, que todos teníamos miedo, que queríamos y queremos un cambio para nuestro país. Al final los artistas se deben a su pueblo. ¿Cómo tú vas a sacar un bailecito de TikTok en un momento así? Estás siendo irrespetuoso con tu propia gente, con la gente que recibió los palos, con las familias de los presos políticos, con las personas que estamos afuera [en el extranjero] desesperados por saber qué es lo que está pasando, cómo está la familia que dejamos allá.

Es solo un poco de sentido común, respeto, y responsabilidad social.

 ―Mariana, actualmente vives en Brasil. ¿Cuál fue tu motivación principal para salir de Cuba y por qué a Brasil particularmente?

―Estaba harta. Me hubiera ido para Burundi, para cualquier lugar. Por suerte fue para acá. Un día me dijeron “Me voy a Brasil”, y yo respondí “Dime qué hay que hacer que me voy también”, y vine.

―¿Cuáles son los retos más grandes a los que te has tenido que enfrentar como inmigrante cubana en un país como Brasil?

―Pienso que saber que estás del otro lado del mundo, y todo lo que eso implica. 

―¿Qué es lo que más te gusta de Brasil y lo que detestas?

―Me gustan varias cosas, la verdad. La comida, la gente, los paisajes, Río de Janeiro, el funky brasilero, la naturaleza, y detesto las cosas de burocracia. Porque es el único momento donde siento que aún vivo en Cuba. La gente se demora, te atienden con mala cara, te pelotean de un lado para otro, todo eso repetido varias veces. 

Tampoco me gustan los consumidores de crack ni las personas que viven en las calles del centro de São Paulo, son demasiados. Pienso que es una situación caótica, que se ha ido de las manos, y me da miedo.

―Mariana, recientemente has descubierto una nueva pasión: el pole dance o “baile de tubo”. Cuéntame cómo estás viviendo esta nueva etapa profesional.

―Bueno…. No le llamemos “tubo”, please. Le podemos decir pole, o barra. 

Es mágico, ¿qué te puedo decir? Estoy super feliz. Siento que vine a Brasil para descubrirme en el pole

Después de la primera clase que recibí pasé un año para decidir que era eso lo que yo quería; entonces me compré una barra y empecé a practicar. Después me mudé a la ciudad donde vivo ahora para tomar clases con la misma muchacha que me había dado esa primera clase, Rafaela Hedo, mi actual entrenadora, y campeona brasilera.

Con ella y dos chicos más del estudio fuimos al campeonato de la IPSF (International Pole Sport Federation), el de mayor renombre para deportes aéreos en el mundo. Todos regresamos con medallas. Fue hermoso. 

Este año no sé si compita, está siendo un año muy loco para mí. Por si acaso me mantengo entrenando.

Mi vida ha cambiado completamente desde que entreno. Es mucha disciplina, mucho estudio, paciencia, porque los movimientos no salen de la primera, a veces tu cuerpo aún no está listo. Es mucho cuidado y sobre todo respeto al cuerpo.

―¿Qué es lo que más y lo que menos extrañas de Cuba?

―Lo que más es mi familia. Y mis amigos y la calle. Lo que menos, la falta de derechos, la inseguridad. Es un país donde puedes ir preso por la más mínima cosa, y no hay cómo defenderse.

―¿Hay algún proyecto en el que estés trabajando actualmente y del que puedas contar algún detalle?

―Mi único proyecto ahora es el pole. Quiero entrenar y entrenar y entrenar y hacerme cada vez más mostra

―Las preguntas personales de Hansel:

Una película: Muholland Drive, de David Lynch.

Una canción:  Desde hace años me gusta Crazy, de Gnrals Barkley.

Un libro: Me gustan los libros de fotografía. Había uno en casa de mi papá que era de estrellas de cine que me encantaba. También había uno lindo, de fotos de Marilyn, en casa de mi mamá. 

Una ciudad: La Habana.

Un olor: Palo santo. 

Un sabor: Hace unos días me comí un LSD con mi novia; me dio hambre, pero tenía la garganta apretada y pensé que sería delicioso un jugo de pizza. ¿Has pensado?  ¿Cómo sería un jugo de pizza? Calientico y cremoso, mmmmmm. Más bien como un batido. Pensamos en crear una marca, Desastrizz. En su momento fue gracioso. 

Una persona: Mis hermanos.

Una red social: Instagram.

Un sueño: Ser cada día más mostra en el pole.

―Un mensaje a los cubanos de la Isla: Espero que algún día podamos todos vivir en el país que nos robaron. Espero que algún día podamos ser felices allá. 

Hansel Porras García (n. 1994) es un actor, escritor y cineasta queer cubano radicado en Miami. Sus obras exploran la multiculturalidad de la comunidad hispana de Miami, centrándose en la diáspora cubana y examinando temas como la inmigración, la familia y la identidad.
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