Va y me equivoque

Va y me equivoque, pero ese grupo de lobistas que abogan por el acercamiento de Cuba con Estados Unidos, al menos a los que quieren Cuba libre no los va a ayudar en nada. Ellos ignoran la realidad cubana, la represión sistemática, las violaciones de derechos humanos. Y lo peor de todo, lo hacen a propósito.

Esos lobistas ignoran las peticiones de la sociedad civil cubana, censuran los estados de opinión que son contrarios a su agenda política. Incluso alguno de ellos, como Ricardo Herrero, aprovecha cuando puede y se burla abiertamente de la oposición cubana, a pesar de darse a conocer como una persona democráctica. Es imposible, y trato de no ser pesimista, que alguno de ellos entienda cómo funciona este país; si lo hacen, entonces la cosa es peor, porque son lobos disfrazados que empujan por intereses propios una agenda que se aparta de los intereses del pueblo cubano.

Esos lobistas, a los que se les unen testaferros, empresarios, congresistas, agentes de opinión y tontos útiles, dejan bien claro con su retórica de diálogo y entendimiento entre las dos naciones que no les interesa el pueblo cubano; si acaso, el dinero del pueblo y el lavado de imagen de una dictadura que sobrevive por la obra y gracia, también, de ese grupo de lobistas.

De ahí que los negocios de las tiendas online como Katapulk y SuperMarket23 sean exitosos en un país en el que a las personas se les va la vida haciendo colas para adquirir alimentos. Un país donde no se pueden adquirir medicinas en las farmacias. Un país cuyo Gobierno devaluó la moneda para crear una inflación que desangra el bolsillo del cubano. Un país en el que han implantado un apartheid económico que denigra a la mayoría del pueblo y favorece a la minoría que recibe remesas desde el extranjero, porque eso son las tiendas en moneda libremente convertible (MLC), una gran brecha creada por el régimen para que los que pueden y los que no se enfrenten y distraigan. Es ahí donde llaman la atención las tiendas online, ya que en ellas se ofrecen los productos que normalmente se adquirían en la tiendita de la esquina sin sobresaltos, y que en algún punto dejaron de estar al alcance de los cubanos de a pie para aparecer en tiendas online a precios nunca antes vistos, y en una moneda extranjera.

Va y yo esté equivocado, pero es imposible que esos empresarios no sepan lo que cuento arriba, porque hoy en Cuba, tú no puedes ir a ninguna de las tiendas en moneda nacional a comprar leche, refrescos, pollo, chocolate; ni siquiera una felpa de pelo, ni siquiera un chicle, porque no hay, y mañana no habrá tampoco. Y no es que Cuba carezca de esos productos, es que los está exportando a otros países y también los mantiene disponibles en las tiendas online para que algún familiar de afuera pueda comprar y hacer el envío a Cuba porque no va a dejar que su familia pase trabajo. Y es esa agenda política la que manejan los lobistas que ahora ponen el grito en el cielo porque parece que se romperá el hielo otra vez entre Cuba y Estados Unidos.

En más de una ocasión el ministro de Economía de Cuba, Alejandro Gil Fernández, ha dejado claro que el régimen quiere recuperar la economía y alcanzar los mismos estándares que en el año 2019. Esto solo significa que al régimen lo único que le interesa es que el cubano deje de hacer colas, y que pueda ir a la tienda a adquirir productos básicos, pero hasta ahí; eso no es crecimiento económico. 

A las autoridades del régimen no les interesa que los cubanos crezcan económicamente, ni a ellos, ni a los lobistas como Ricardo Herrero, Joe García o Hugo Cancio; porque si el crecimiento económico del país fuera prioridad en la agenda de acercamiento de alguno de estos tres hombres (son muchos más), entonces estarían abogando por el libre mercado, por la libertad económica, sin tantas vueltas, porque es la liberación de las fuerzas productivas la que va a levantar la economía del país. Ah, de eso tampoco hablan. 

¿De qué hablan? De los emprendedores y las mipymes. Pero es válido aclarar que las mipymes no cuentan en la ecuación, porque cada una de esas iniciativas tiene la validación del régimen cubano, con lo que pasan a convertirse en entidades que validarán cada ley, cada efeméride, cada acto del régimen, y se vuelven cómplices. Si bien algunos de esos emprendedores no figuran en el espectro político (conozco buenos proyectos) y solo quieren aprovechar la oportunidad, otros son agentes de opinión que confunden y pertenecen a esa oposición leal que tanto le gusta a la Seguridad del Estado (véase el caso de Camilo Condis). Otros son agentes reconvertidos en empresarios abiertamente, como el caso del represor Yoandy Riverón, alias “Cristian”.

Sin mencionar que hay 124 oficios prohibidos por la dictadura y que quienes los practiquen pueden terminar en la cárcel, como es el caso de hacer periodismo independiente, realizar trabajos privados de arquitectura o laborar como guía de turismo. Eso convierte automáticamente a los emprendedores que sí pueden montar sus mipymes en privilegiados, como la tienda de ropa Clandestina, cuya burla a los cubanos sobrepasa límites. Las líderes de este emprendimiento incluso han permitido que su tienda sea un centro de operaciones de la Seguridad del Estado para reprimir a activistas cubanos.

Y en medio de todo, los lobistas han hablado de los presos políticos en Cuba. No obstante, los presos políticos no aparecieron con el estallido social del 11 de julio de 2021; ya había otros presos desde antes y que, por desgracia, son solo una parte del tablero político, porque en Cuba hay violaciones de derechos humanos todos los días, represión contra la sociedad civil, persecución a artistas, periodistas, intelectuales, opositores. Hay personas bajo amenazas, sin acceso a internet; hay personas reguladas, desterradas; hay personas que sufren ataques de todo tipo: agresiones físicas, tortura psicológica, delitos fabricados, estados de sitio, en sus propias casas o en la calle, por parte de la Seguridad del Estado, que es el cuerpo represivo de la dictadura socialista cubana; pero no, nada de esto les interesa a los lobistas. Si así fuera, Ricardo Herrero, que se desempeña como director ejecutivo de Cuba Study Group y quien viajó recientemente a la isla para sostener reuniones de alto nivel en la Habana, se hubiera acercado de forma pública a miembros de la Sociedad Civil Cubana o familiares de presos políticos, pero hasta donde sabemos, nada de esto ocurrió. En cambio sí ha dado fuertes muestras de no respetar a la prensa independiente.

Llama mucho la atención que el Cuba Study Group sea una organización estadounidense que trabaja por el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba y que, al mismo tiempo, su agenda de trabajo sea tenida en cuenta por el régimen cubano, al punto tal de llegar a reconocerse lo siguiente, en un artículo del medio oficial Cubadebate: “Vale reconocer que el escenario que propone alcanzar el CSG, quizás sea el mejor posible para la convivencia entre dos países, donde prima un alto nivel de antagonismo”.

Ya me gustaría estar equivocado y que el régimen aprovechara el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos para iniciar de una vez y por todas la transición política que necesita más que nunca este país; para absorber de los intercambios que se vayan dando entre los dos países y retornar al camino de la democracia y el Estado de derecho. Estos serían pasos fundamentales para remover el comunismo de la Isla y ponerle fin a la dictadura, pero a los lobistas como Arturo López Levy, Carlos Alzugaray, Carlos A. Saladrigas y Joe García, esto último parece no interesarles para nada; lo de ellos ha quedado bien claro que es formar parte de la campaña del deshielo, aprovechar los negocios que puedan concretar, tener buenos asientos en el Estadio Latinoamericano cuando se dé el primer encuentro de béisbol y quedar bonitos en la foto junto al dictador.

Va y me equivoque, pero lo dudo.

 

Las opiniones expresadas en esta columna representan a su autor/a y no necesariamente a YucaByte.

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