Negocios

Dos “startups” cubanas que ya no están

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En 2016 el equipo de KeHayPaHoy visitó las oficinas de Stripe en San Francisco, California. Foto: cortesía de KeHayPaHoy.

Por Alberto C. Toppin

Cuando el 4 de junio de 2017 fue creado el update para los usuarios de la plataforma promocional Ke Hay Pa’ Hoy?, casi nadie imaginaría que este sería el último fichero disponible hasta la actualidad. Para ese entonces, la actualización por correo electrónico —uno de los servicios insignias del proyecto debido a su fiabilidad— estaba detenida y solo enviaba por respuesta —y envía aún— una disculpa y la notificación de arreglos en los servidores, además de la invitación a visitar el todavía vigente sitio web y los perfiles en las redes sociales.

Algo parecido ocurrió con Mi Escaparate, la iniciativa de una profesora de la Universidad de La Habana para intercambiar y vender ropa de uso y otros artículos por internet a precios asequibles. Un año antes, en junio de 2016, el sitio del proyecto cerró por reparaciones y tres meses después fue suspendido, aunque su perfil de Facebook nunca fue cancelado. Más bien fue dejado a la deriva, con publicaciones de pocos likes, fotos de los artículos en venta y el anuncio de cierre definitivo en rojo sobre blanco en la casilla de horario. Lo complementa el post hecho por Claudia Paredes en su muro personal en noviembre, donde escribió, como CEO del pequeño negocio, que lo abandonaba.

Captura de pantalla de publicación en Facebook de Claudia Paredes, CEO de Mi Escaparate.

Y aunque son dos ejemplos que pudieran estar aislados, la realidad demuestra que las condiciones en que surgieron no fueron del todo propicias para el desarrollo de los emprendimientos que relacionan la información con las tecnologías (I+T), a pesar de que otros han sabido mantenerse a flote. Dichas condiciones, unos años después, continúan vigentes en Cuba.

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Como sus otros tres colegas también fundadores de Ke Hay Pa’ Hoy?, Juan Luis Santana Barrios se encuentra hoy en la mayor extensión cultural de Cuba en los Estados Unidos: Miami.

“Teníamos varias ideas —argumenta—, entre ellas las de mandar minuto a minuto los resultados de los partidos de fútbol. Queríamos hacer distintos proyectos pero nos decidimos por este porque nos gustaba mucho, y lo que nos motivaba era, entre otras cosas, emplear lo que sabíamos en un proyecto propio que resolviera algunas de las necesidades de la universidad”.

Cuando dice necesidades de la propia universidad, Juan Luis se refiere a la disgregación informativa sobre las propuestas de cines, teatros, galerías de arte y otros espacios culturales. Ese fue el nicho que encontró el proyecto para comenzar en forma de boletín vía correo electrónico.

Según Claudia Paredes, Mi escaparate también surgió de un necesidad informativa, solo que con un plus material. “Al graduarme tuve que remodelar mi escaparate” —explicó durante la presentación del proyecto en la primera edición del Startup Weekend Havana, donde obtuvo el primer premio—. “Como no dispongo de mucho presupuesto, ideé una aplicación web a través de la cual podamos mostrar lo que tenemos y lo que tienen otras personas y así intercambiar nuestra ropa”.

 

Sin embargo, en el grupo de licencias aprobadas para trabajar en el sector privado cubano no existía —ni existe— ninguna categoría que se ajuste exactamente a las actividades realizadas por estos dos emprendimientos, es decir, promoción cultural y compraventa/intercambio de vestuario y otros artículos mediante sistemas online. Es por ello que, para volver legal sus pequeños negocios, ambos apostaron por el permiso de Programadores de Equipos de Cómputo, una definición en la que también entran los cubanos que, lejos de concebir una idea completa y compleja, se dedican únicamente a construir sitios web y sistemas de gestión a pedido de los dueños de restaurantes, tiendas especializadas y otros.

Esta categoría, aunque presenta cifras relativamente bajas, mayormente mantiene un ascenso estadístico en toda Cuba.

 

 

“La licencia la sacamos cuando nos acercamos al Ministerio de Cultura y hablamos ya de monetizar y tener una relación con las instituciones del gobierno”, explica Santana Barrios, y agrega que, según se les dijo, para poder llevar a cabo el proyecto necesitaban un permiso de cuentapropista. Fue allí cuando decidieron fortalecer la plataforma: crearían un sitio web y una aplicación y permitirían actualizarla mediante el envío de un fichero de pocos kilobytes vía email, esto último disponible también mediante el correo Nauta y los datos móviles de segunda generación de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa).

En el caso de Mi escaparate, se trataría de un sitio web que publicaría distintas ofertas de vestuario tanto en pesos cubanos como en su equivalente en pesos convertibles, con la posibilidad de ordenarlas según diferentes variantes: tallas, marcas, precios, prendas… Además, tal y como reseñó la revista OnCuba, permitiría la creación de perfiles personales mediante los cuales se podría intercambiar prendas de manera gratuita.

Como todo emprendimiento, el inicio necesitaría de una inversión. Para ese entonces, el Banco Central de Cuba (BCC) ya ofrecía créditos de hasta 20 mil pesos cubanos —alrededor de 800 dólares— a los cuentapropistas para hacer crecer sus negocios, siempre y cuando estos presentaran un “modelo de solicitud (…) donde haga constar: factibilidad del negocio, ingresos estimados y mercado potencial”. Dichos requerimientos no son flexibles ni siquiera tomando en cuenta cuán diferente puede ser un programador —en su versión tradicional— a un restaurante, y cercenan la innovación.

Encima, proyectos como estos no podrían aplicar por no poder precisar dos de los requerimientos: factibilidad del negocio e ingresos estimados. Según Juan Luis Santana Barrios, el modelo de negocios de Ke Hay Pa’ Hoy? no era muy sólido, aunque sí tenían la certeza de que funcionaría. “Realmente no valoramos nunca la posibilidad de desarrollar el proyecto con un préstamo del sector bancario cubano”, añade, aunque no deja de reconocer que pensaron en establecer algún tipo de relación contractual con el Banco de cara a la posible creación y puesta en práctica de una pasarela de pago y, con ella, del comercio electrónico.

No obstante, tres años después de creada la plataforma cultural, el comercio electrónico vía internet en Cuba no existe de manera masiva, al menos no con tarjetas emitidas por algunas de las entidades subordinadas al BCC, a pesar de que desde julio de 2016 hasta octubre de 2017 se habían llevado a cabo pruebas pilotos con más de 300 operaciones y de que, a decir de un artículo del periódico Trabajadores, se creó “un grupo coordinado por el Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera encargado de revisar todas las normas del funcionamiento” de este servicio.

 

 

Curiosamente, en marzo de 2016 —cuatro meses antes de que comenzaran las pruebas pilotos—, visitó La Habana Patrick Collison, CEO de Stripe, como parte de la delegación de empresarios que acompañó al presidente Barack Obama en su visita a Cuba. Encima, Collison anunció que Stripe Atlas tendría cobertura en el país caribeño. Con ello permitiría que los emprendedores cubanos aplicaran para crear una cuenta con asiento en el Silicon Valley Bank, registraran su empresa en el estado Delaware —de leyes con beneficios fiscales—, obtuvieran un número de identificación para el pago de impuestos estadounidenses y recibieran hasta cinco mil dólares en créditos promocionales de Amazon Web Service en un período máximo de 24 meses.

 

 

En julio del mismo año, una miembro de la Dirección de Banca Corporativa del Banco Metropolitano dijo no tener conocimiento de tal sistema, el cual hoy, paradójicamente, tiene a Cuba como uno de los países con los que no tiene relaciones debido a restricciones financieras. Aunque, a decir verdad, sí las tiene, pero parcialmente.

Mientras que varias de las páginas de Stripe están bloqueadas para IP cubanas, la plataforma Atlas es accesible desde la Mayor de las Antillas. Incluso más: la página para aplicar al proyecto tiene a Cuba entre sus opciones de países. No obstante, las inscripciones funcionan con un intermediario. Según comentó Jorge Romero, de Merchise Startup Circle, la división para los cubanos de Stripe Atlas está gestionada por dicha organización. La respuesta llega unos días después de hecha la solicitud y ya se han aceptado algunos emprendimientos.

 

 

Roberto*, programador de la provincia de Cienfuegos, fue admitido por Atlas Stripe cuando lanzaran la convocatoria, aunque no completó el segundo paso.

“Consistía en una serie de trámites en los Estados Unidos. Nos empezamos a documentar y entonces salió la respuesta, que la obtuve el año pasado, de que ellos no podían garantizar que no existieran riesgos por la parte estadounidense en cuanto al funcionamiento del proyecto para los cubanos”, manifiesta.

Además, hace unos meses recibió un correo con nuevos servicios, preguntó y le respondieron que para Cuba continúan bloqueados algunos de ellos.

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Según la revista Fortune, nueve de cada diez emprendimientos en el mundo tienden a fallar. Sin embargo, esta situación no se puede extrapolar a Cuba a la ligera. Las características de este país caribeño son bien diferentes a las del resto de las naciones a nivel global.

De hecho, una de las causas que dan al traste con los emprendimientos en Cuba es la falta de conocimientos a la hora de emprender, muchas veces reducidos a cumplir los requerimientos para abrir un negocio privado y la espontaneidad para desarrollarlo.

Equipo de KeHayPaHoy en las oficinas de Instagram en California. Foto: cortesía de KeHayPaHoy

“La cultura del emprendimiento en Cuba, a pesar de que los cubanos somos inventores y “echa’os pa’lante”, como se dice, es muy baja, no la hay, o por lo menos no al nivel que hay en otros países”, considera Juan Luis Santana Barrios, quien, en 2016 y antes que cerrara Ke Hay Pa’ Hoy?, visitó Silicon Valley, más específicamente Google, Facebook, Yelp, Stripe, Netflix, Airbnb y la universidad de Stanford, gracias a las gestiones de la agencia Cuba Educational Travel. Meses después sería uno de los diez ganadores del concurso 10x10KCuba, organizado, entre otros, por CubaEmprende.

 

 

Perteneciente a la Iglesia Católica, CubaEmprende es uno de los proyectos que se ha dedicado a adiestrar emprendedores en la Isla mediante cursos regulares durante los cinco años que tiene de fundado. Sin embargo, no cuenta con mucha promoción más allá de los propios canales de la iglesia, el sitio web y los perfiles en redes sociales, cuando en Cuba el principal medio consumido es la televisión.

Según Jorge Mandilego, Director Ejecutivo de CubaEmprende, es en el sector de los proyectos I+T donde menos experiencia tienen. No es fortuito: en el último directorio de empresas publicado por la organización —en el que están muchos de los emprendimientos de quienes han pasado por sus talleres y encuentros—, no aparece ninguno de este tipo de negocios.

También inciden negativamente en los start-ups cubanos las tarifas de conexión a internet, las cuales, aunque han bajado de 4.50 pesos convertibles (CUC) la hora a solo 1 CUC por igual intervalo de tiempo, son las mismas para el resto de la población, y hacer uso de ella con dispositivos propios solo es posible desde parques WiFi o en el incipiente servicio de internet en las casas que ya despliega Etecsa.

“La actualización del sitio y la interacción con los usuarios era a costo de pagar el internet con Etecsa a 2 CUC la hora en aquel momento”, recuerda Santana Barrios. “Dos horas al día que te conectaras para revisar las cuentas en las redes sociales costaba 4 dólares, y eso era caro, y no solo caro, sino que es lento: uno, dos megabits que tenían los hotspots de Etecsa en los parques. En aquel momento, si querías tener unas 8 horas de internet al día, que es lo que se pretende en el trabajo, eran 16 CUC, y eso es impensable”, añade.

Asimismo, los altos precios de internet en comparación con el salario medio en Cuba, que ronda los 30 CUC, hacen que, por el momento, sea más viable un proyecto que funcione offline si se busca el alcance máximo.

Otra de las trabas resulta la visibilidad en internet, es decir, la compra de un dominio, el pago por utilizarlo y la presencia en sitios reconocidos como las tiendas de aplicaciones. Según el Centro Cubano de Información de Red (Cubanic) —perteneciente a la Empresa de Tecnologías de la Información y Servicios Telemáticos Avanzados, (Citmatel)—, las personas jurídicas que no sean “entidades cubanas estatales, organizaciones políticas y de masas, organizaciones no gubernamentales, organizaciones de carácter científico, profesional y cultural” y que deseen poseer un dominio .cu, deben pagar 222.70 CUC el primer año y 151 CUC anuales a partir del segundo. En cambio, para las personas naturales que opten por obtener un subdominio .nat.cu —de menor visibilidad en internet—, el precio baja a 370 pesos cubanos iniciales y posteriormente 300 pesos anuales.

Hasta el viernes 19 de enero de 2018, solo había registrados 18 dominios .nat.cu.

Asimismo, para subir una aplicación a Google Play o AppStore —la primera de mayor facilidad—, es preciso contar con una cuenta bancaria que cumpla con la legislación estadounidense, lo que deja a los cubanos sin oportunidad de acceder a esta variante de manera directa. Tal y como explica Juan Luis Santana Barrios, Ke Hay Pa’ Hoy? llegó a la tienda de Google gracias a la mediación de un amigo residente en Estados Unidos y ello fue clave para ganar credibilidad internacional, además de constituir una nueva fuente de ingresos.

Todas estas circunstancias, en franco contraste con la realidad que vio al viajar, hicieron que Juan Luis decidiera emigrar junto con el resto de los desarrolladores de la aplicación.

“Después que vinimos a Estados Unidos y vimos cómo funciona el mundo, cuando regresamos, yo defendí mi tesis para obtener el título de ingeniero en Telecomunicaciones. Y realmente era muy difícil, viendo cómo era el mundo real, tratar de resolver problemas que fuera de Cuba tienen cientos de soluciones. Decidimos detener el proyecto y todos nos vinimos acá”, manifiesta.

“Si me hablas de que en Cuba hubiera condiciones y que en Cuba existiera el entorno adecuado para llevar a cabo los proyectos que uno tiene en mente, yo creo que sí, que valoraría mucho regresar. Cuba es muy atractiva, es un nicho, porque no hay nada hecho. Hay mucho por hacer”, termina.

*Se ha cambiado el nombre a petición de la fuente.

Feedback

  Comments: 4


  1. Wow muy interesante e ilustrativo, ojalá y pudiéramos leer más artículos como este.
    felicidades por la idea, felicidades a quien escribe!!!
    Ojalá y el gobierno cubano o quienes tienen poder dentro de él estén leyendo estos trabajos y tomen nota y comiencen a pensar en políticas que permitan el desarrollo y crecimiento de negocios o “startup” como estos, el pais lo necesita, los cubanos lo necesitamos.

    • Alberto C. Toppin


      Gracias por leer y comentarnos, Axel. Por supuesto que continuaremos con trabajos de este corte, tratando siempre de investigar al máximo. Saludos.


  2. President Obama’s visit to Cuba generated enthusiasm and raised hopes, but the projects he announced at the time have not materialized — http://laredcubana.blogspot.com/2016/06/disappointment-after-president-obamas.html

    It is not a lot of help, but there is another way for Cubans to put apps in the Play store:
    http://jorgen.cubava.cu/2018/01/30/club-tuandroid-los-miembros-del-club-tuandroid-podran-subir-sus-apk-a-google-play/


  3. Mucho talento el de los Cubanos. Mucho se puede hacer con esa riqueza de la que incluso muchos paises más desarrollados carecen. Tengo FE en que en algún momento nuestros jovenes talentos puedan desarrollar proyectos como ese desde adentro y con los de adentro.
    Felicidades y muchos logros les deseo.
    JOSE RAUL

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